Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

Ateneo: librería, café, e historias

«En los libros busco solamente deleitarme con una honesta ocupación», Montaigne dixit. La felicidad que hemos encontrado en los libros nos hace amigos de esa cita de los Ensayos. Y nos hace amigos de las honestas ocupaciones, entre las que siempre he admirado la de librero. Recuerdo la serena tranquilidad de los libreros de la Cuesta Moyano madrileña, verdadero objetivo en nuestros tiempos universitarios, por no citar a los buenos libreros que ha dado nuestra ciudad, como aquella señorita que nos vendía los tomos de la colección Austral en la Librería Instituto, o la visita obligada las mañanas de domingo a la Librería-papelería Morrondo, en la que los tebeos nos hacían brillar los ojos.

Es la sensación que experimenté el jueves pasado en una nueva librería de nuestra ciudad, Ateneo de nombre, cuando Gustavo Martín Garzo hablaba de que los libros donde mejor pueden ser presentados no es sino en una librería. Recientemente abierta por Jacobo Baquero y Alberto Blanco, un café-librería, (buen maridaje el de los libros con el café), me parece pensada para los lectores de libros, mucho más que como almacén comercial de venta de libros. Y eso sí que es de agradecer. Quizá haya más libros en uno de los grandes almacenes, seguro. Pero esa vertiente del libro como objeto de consumo siempre ha sido extraña a los bibliófilos, y además ha ido matando lentamente a los libreros y su honesta ocupación.

El lector agradece que en la propia librería pueda conocer a su escritor. Y es lo que va sucediendo en la Ateneo. He asistido hace poco a la presentación de un libro de Blanco Chivite, presentado por Tomás Martín, y yo mismo he presentado dos, uno de Abbé Nozal y éste de Martín Garzo. Además tengo entendido que allí mismo existe ya un Club de Lectura y es lugar de reunión de otro. Excelente. Pero es que además acoge a la Tertulia Paco Vighi, muy estimulante, que anima Jesús Mateo Pinilla, donde recuerdo haber estado en la primera, cuando se habló de Vighi, y en las dedicadas al poeta José María Fernández Nieto, y al profesor Jesús Castañón.

En fin, que la Ateneo ha entendido que el libro no es sino una excusa para contarnos historias unos a otros. Como la de la vaca de Villanubla que contara  el otro día Gustavo Martín Garzo. Pero esa es otra historia.

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