Pocas veces habré sentido más el amor a la pequeña ciudad en la que nací que cuando contribuí a gestar el sentimiento de refundación de una institución legendaria que sirviera a la ciudad de Palencia entre 1876 y 1926. Cuando hablaba con la hija del último secretario del Ateneo (1926), Teófilo Ortega, (un escritor olvidado más) sentía ese amor por la historia de una ciudad. Esperanza Ortega, escritora, transmitía también ese aliento histórico. Pudo ser nuestra primera Presidenta. Tras su declinación propuse otra candidata.

Este sábado, un año más tarde, me toca como Presidente electo por una Junta Directiva Constituyente (no accidental como erróneamente se ha escrito) presidir la Asamblea de una Institución, el Ateneo de Palencia, que naciendo en 1876, encontró en el siglo XXI el relevo a aquel aliento de agitación. Y que en las últimas semanas ha crecido tanto en número de socios que pronto alcanzará la cifra de 500 socios, un hito histórico, para el Ateneo de Palencia en todas sus etapas, y en comparación con otras ciudades hoy.

He vivido un duro año de trabajo. Una clara mayoría de esa Junta Directiva Constituyente, que fuera calurosamente proclamada por esos mismos socios fundadores a quienes bautizara en mi conferencia inaugural como “la Quinta del Paraninfo”, ha superado con nota la lógica de las rivalidades imaginarias, la recreación de la armoniosa política del me voy, los disgustos periódicos, y lo que es sobresaliente, con dosis de humor ante los apocalípticos anuncios de desmoronamiento. He sido testigo, y opino que es fruto de su bondad y de su talento a partes iguales.

Setenta actividades abiertas a miles de palentinos, reuniones en domicilios particulares para programar actos y logística…Hoy, con la ilusión intacta, queda la satisfacción del deber cumplido: aguantar al frente de una Institución y sin reproches a nadie.

Un Ateneo y su Asamblea forman un par elocuente, expresan que la vida intelectual de una ciudad es previa a su vida cultural y socio-económica, y política. Un Ateneo y su Asamblea son política en estado puro: amor por la polis.

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