Lo más difícil es callar. Si convivir con personas silenciosas es una fortuna, aceptar que no siempre se tiene algo interesante que decir es una prueba de madurez y de exquisita prudencia.

Hay un texto de Juan Benet sobre Caneja donde pone el énfasis en el laconismo y la inmutabilidad del pintor palentino. Lo titula “Caneja, Juan Manuel”, y forma parte de su libro, Otoño en Madrid hacia 1950 (Alianza, 1987), donde también rememora su amistad con Pío Baroja, Luis Martín-Santos… Tengo a Benet (1927-1993), uno de mis escritores preferidos, como de los mejores novelistas del siglo XX, (basta darse una vuelta por Volverás a Región) y alguien rupturista que cambia por completo el panorama de la novela, dejando atrás el realismo social de la época para avanzar por un estilo que excluye el narrargaldosiano de la vida para adentrarse en lo real menos simbolizable.

            En ese texto donde habla de Caneja insiste una y otra vez en lo imperturbable del gran pintor de nuestra tierra: misma pintura, mismo paisaje castellano (“su tierra inmortal” escribe cuando le dedica su libroUna meditación), misma chaqueta de pana de color miel, mismo pañuelo al cuello, mismo sequía de palabras. Esa mismidad la destaca precisamente quien iba a crear una ristra de alumnos que le seguirán fielmente, entre los que destaca Javier Marías, (posiblemente futuro Nobel desde aquel empujón del crítico alemán Marcel Reich-Ranicki).

            Cuando a Caneja le llamaron para comunicarle el Premio Castilla y León de las Artes, dijo a su mujer: “diles que no estoy”, y al pedirle un consejo para los pintores que empiezan, se arrancó con un “que salgan de Palencia y se marchen de España”. Para añadir, suavizando lo anterior, “el paisaje de mis comarcas palentinas, el Cerrato y Tierra de Campos es el único que de verdad hay; por eso pinto siempre esos paisajes”.

Mismo paisaje porque es el único que de verdad hay. Coincide pues el retrato que de Caneja hace Benet en ese texto cuando asevera que era «además de rotundo…lacónico, la persona más lacónica que he conocido». Y como gran lector que era Caneja, precisamente quien le recomendó leer el Ulises de Joyce. (Los grandes lectores, amantes del silencio).

Rotundo el insigne pintor palentino en ese decir que el paisaje de las comarcas palentinas es el único que de verdad hay. (No estaría de más verificarlo y que no quedara un palentino sin visitar su obra permanente en la Fundación Díaz Caneja). Tampoco está nunca de más toparnos con gentes que han aprendido a callar. Son muy elocuentes.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies