Nueva columna de Fernando Marín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

Casto y El Palentino madrileño

 

Casto salió de Paredes de Nava a los 16 años para recalar en Madrid y trabajar en El Palentino, hoy el bar de moda en la madrileña calle del Pez, en Malasaña. Y Casto sigue de pie, en la barra, atendiendo a multitudes que se agolpan en un escenario que no ha modificado nada de su clima en años. Penetrar en El Palentino es retroceder en el tiempo, es como si entráramos retroactivamente en el Touchard de la palentina calle Barrio y Mier, o si se quiere, hoy, en el Alaska.

Es El Palentino un bar a quien no le afectan las recientes ficciones jurídicas puesto que es propiedad de sus dueños, ni le afectan el acontecer de los tiempos, pues sigue erre que erre a lo suyo: sus cañas y pequeños bocadillos a precio honesto. Ese es el éxito que le ha llevado a la fama mediática, eso, y que sus pobladores a lo largo del tiempo eran gentes del teatro, de los teatros cercanos, y de la bohemia que desde siempre se instaló en Malasaña.

Casto fue muy amigo de Moncho Alpuente, un fijo en la barra de El Palentino. Pero cualquier día te topas con un Óscar Ladoire, y en otro tiempo, Casto hablaba con Pilar Franco, y con una lista de gentes que encontraron en El Palentino lo que nosotros: un bar que tiene algo.

Fue el padre de Casto, Abilio Alonso, de Paredes de Nava, quien marchó a Madrid, y por ello Casto se ha criado, literalmente, en El Palentino. Hoy, el bar sigue adelante con el buen hacer de sus compañeros de trabajo, que contemplan a diario lo difícil que es llegar a la barra, a veces lo imposible de entrar en el bar, y la soberbia aventura que es hacerse con una mesa. Un bar repleto de las tribus urbanas de moda en cada momento, pero en el que nadie desentona, se diría que hay un contagio de gente feliz, pasando un rato feliz.

La memoria de Casto da para evocar a gentes de Paredes, como al padre de Amparo, Valentín Pajares, a quien Casto cita como un triunfador de su pueblo. Como Casto, otro triunfador, como tantos palentinos que realizaron el viaje a Madrid en busca de su ‘minuto de buena suerte’, ese que a fuerza de curro, de buena simpatía, y de saber hablar con la gente, encontraron.

Tenemos muchos palentinos en la diáspora, si. Y a Casto en El Palentino.

 

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