“Esto que me va a decir usted, ¡es mentira!”, es un enunciado muy de la estirpe desconfiada, aunque al parecer para María Zambrano representaba la quintaesencia de lo español. De modo que antes de saber nada, hay quien ya supone que la verdad no va a aparecer.

Y no le falta razón porque no-toda la verdad puede salir de la boca de nadie, y eso por razones de estructura, que no morales ni éticas, por razón de que la verdad se pronuncia con palabras y ninguna logra nunca alcanzar la totalidad de lo que se quiere expresar, de suerte que “nada es verdad ni mentira, sino que todo depende del color del cristal…”, o dicho de otro modo, la estructura de la verdad es ficcional, de consenso, mutante como los tiempos.

En esto se apoya el desconfiado, en esto y en que hay personas que llevan colocado un letrero invisible en su frontispicio: “no soy de fiar”, y en las repetidas veces que en su vida ha aprendido a desconfiar, viniendo de ese largo viaje de la infancia donde no cabe otra que confiar plena, ciegamente, en los otros.

Por eso las desconfianzas son de perro viejo, porque han ido pescando en un río abundante de deslealtades y traiciones, y justifican así sus temores, e incluso la gran mentira por la que se orientan en la vida: “no te fíes de nadie”.

Pero ¿cómo es posible vivir sin confiar? ¿Acaso merecería la pena una vida repleta de sospechas, dudas, temores (infundados), alertas y vigilancias, mosqueos, ‘porsiacasos’ obsesivizantes, y cálculos constantes acerca de las auténticas intenciones de los otros? La verdad, no me imagino a un niño desconfiando de sus padres, ni a un paseante tranquilo disfrutando del paseo lo Walser que desconfíe de los otros paseantes, buena metáfora de lo que es nuestra vida.

Encima, no es saludable la desconfianza, y sí correr riesgos. Arriesgarse a los sustos del amor, por ejemplo, que expresara García Márquez, enamorarse sin cálculo previo. Amar las clandestinidades, las delicias del secreto y jugársela. Confiar a ciegas es lo sano, es lo suyo, es lo valiente, y es lo que asegura el lazo social.

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