Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

No distraerse

Son tantas las cosas que se hacen para distraerse que bien se podría construir una lista interminable, y cambiante a lo largo de la vida de una persona, que contendría la sarta de ficciones, de coartadas, de engaños que nos fabricamos para ser auto-distraídos. Surge entonces unas posibles preguntas, ¿por qué tantas distracciones?, ¿por qué buscamos tanto distraernos?, ¿por qué nos pasamos la vida distraídos?, ¿merece la pena vivir la vida tan despistados?

Es bien cierto que se precisa ocupar el tiempo en algo. Ocurre que a base de ocupar tanto las horas, apenas nos queda tiempo, y esa es la queja más universal, ‘no tengo tiempo’. El ejemplo más socorrido de nuestra época es la sobrecarga de actividades extraescolares, extralaborales, de ocio, que ha conseguido la hazaña de que nadie…tenga tiempo libre. Ni los niños, que tanto lo necesitan para un día ser libres.

El tiempo de no-hacer, de no-hacer nada de nada, es una quimera para muchos, un imposible, en la idea de que siempre hay que ‘hacer’ algo. “Así me distraigo”, es la explicación.

Todas estas grandes maniobras de evasión, de estar entre-tenidos, de salirnos de la escena, son como el intento de tener secretos con nosotros mismos, como si hubiéramos decidido dejar que pasen las horas, viviendo como si fuéramos otros y no nosotros. Distraernos es como no querer responsabilidades, no sea que tengamos que responder de nuestros actos, y entonces proclamáramos  (como los adolescentes o como los políticos malos) mejor ni un acto, (del que asumir sus efectos), sino embadurnarlo todo de mucha acción, de mucho activismo, para seguir distraídos.

Ese dejar que pase el tiempo, me evoca lo que Freud dijera respecto al deseo profundo de dormir, de no querer saber, de eludir el rigor de la verdad, en una palabra lo difícil que es despertar al mundo. Como vemos en ese dicho ruso: “cuanto menos se sabe, mejor se duerme”.

Una buena manera de seguir durmiendo es evocar un tiempo que no va a volver, y su corolario, celebrar y conmemorar las cosas que pasaron en el pasado. ¿Cuándo en la ciudad los vecinos ilustrados se van a reunir intensamente para decidir lo que se puede hacer en el futuro, y van a dejar que otros sigan reunidos permanentemente, nostálgicos ellos, recordando lo que se hizo? O lo que es peor, cómo evitar que la rutinaria repetición, hacer cada año lo mismo, se instale definitivamente en las programaciones culturales, sociales, políticas.

Mejor la valentía de atreverse a saber. Mejor no distraerse.

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