Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

Donde no estás

 

«La vida nunca es como queremos que sea. Está hecha de fragmentos, de inciertas verdades, de promesas que nunca se cumplen del todo. No hay forma de saber qué quiere. Es como soltar pájaros en la oscuridad. La alimentan las pasiones, las traiciones, las dulces mentiras. Está hecha, a partes iguales, de belleza y desolación». Reto al lector a que encuentre un párrafo más certero, mejor escrito, con más posibilidades de discusión o de interpretación y que a su vez produzca tanto belleza como…desolación. Está entresacado de la última novela de Martín Garzo, Donde no estás, (Destino, 2015), que hoy vamos a presentar en nuestra ciudad, en la Ateneo, librería-café que se ha propuesto no ocultar el amor a los libros, y lo que es mejor, a quienes los escriben y a sus lectores.

No sé qué le preguntarán esta tarde a Gustavo Martín Garzo, escritor de raza, reconocido, premiado, con multitud de investigadores estudiando su obra en las universidades europeas, y que mejora en cada nuevo libro, pero a mí me sale una única pregunta: dónde se puede aprender a escribir párrafos tan bellos como ese con el que he empezado esta columna. Quizá ni el mismo autor lo sepa, sino que le brota a su pesar.

Es más, si se sigue el argumento de ese párrafo, y pensamos como Garzo que la vida está hecha de traiciones, quizá a Garzo le ha traicionado el inconsciente, como ha acertado a expresar la sabiduría popular, y ha dicho más de lo que quería decir, y escrito más de lo que ha hubiera querido escribir. Se entiende lo apasionada y dura que puede ser la vida de un escritor, esclavo de un mar de palabras que precisan salir.

María Zambrano decía que hay cosas que no pueden decirse, y que eso que no puede decirse, se escribe. También que el escritor quiere decir el secreto. Mi idea es que nunca se alcanza a nombrar del todo el secreto a escribir, razón por la cual se insiste en la pasión de la escritura una y otra vez, como si se tratara de fallar cada vez más cerca del objetivo.

Finalizaré esta columna con otro párrafo de Donde no estás: «Nunca corremos más peligro que cuando amamos a alguien». ¿Qué les parece?

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