Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

Dónde vivir

“Por eso vale la pena vivir en Berlín porque aquí se ve lo que sucede” recoge Claudio Magris como frase ajena, dos años antes de que cayera el Muro. ¿Cómo elegir la ciudad donde vivir?
En Palencia, la ciudad que ve cómo pasan nuestras horas, ese debate siempre ha estado presente. Hay quienes creen que es demasiado pequeña, una coqueta capital de provincia, pero sin posibilidades, cántico nunca procedente de las filas de esa minoría ilustrada que labora para crear ‘posibilidades’ para los otros, sino de quienes creen que otros les tienen que dar posibilidades. Tras el “aquí no hay futuro”, suelen exclamar eso tan humilde de “Palencia se me queda pequeña”, para a continuación mudarse al extrarradio de una gran ciudad, y constatar el auténtico tamaño de su ‘yo’, y sus límites.
Por eso vivir en las ciudades en las que se pueda ver lo que sucede podía valer en 1987, sin embargo no es un enunciado válido para 2014. El gran panóptico que son las redes sociales nos permiten contemplar ese que sucede, y ahora ya en tiempo real. Quizá no esté de más preguntarse hoy dónde vivir, dónde vivirán los jóvenes de la época de Twitter, del teletrabajo y del AVE. Preguntárselo hoy, cuando a diferencia del pasado, narrado por Stefan Zweig en El mundo de ayer, sí que se puede disociar ciudad natal de ciudad donde vivir.
El misterio por el cual nos unimos definitivamente a una ciudad lo considero apegado a razones ignotas para uno mismo. Así, Walter Benjamin, de Berlín, decía en Dirección única que «al más íntimo sentimiento de pertenencia a una ciudad se hallan unidos, para sus habitantes el timbre y los intervalos con que los relojes de sus torres dan las campanadas», curioso modo de explicarse por qué nos sentimos parte de una ciudad, mientras que para Muñoz Molina, de Úbeda, poder perderse en una ciudad es relevante, se perdía por Nueva York como nunca se había perdido en ninguna otra, (probablemente no en Úbeda), «sin distinguir los puntos cardinales y sin la menor idea de lo que podía encontrarme al doblar una esquina», aclaró en Ventanas de Manhattan.
La repetición del sonido de unas campanas, lo familiar, o una ciudad extraña donde perderse, (donde el tránsito de la belleza a la desolación sucede siempre expeditivamente al decir de Muñoz Molina sobre Nueva York).
Mi idea: elegir vivir en una ciudad que no impida “ver lo que sucede” adentro de uno mismo.

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