Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

El futuro no está escrito

      Es de Adolfo Suárez. Una frase que le definía. La traigo a colación de estos primeros días del mes de septiembre, cuando comienza eso que los franceses denominan la rentrée.

Y viene a cuento de las amarguras de muchos en estos días. La vuelta a los problemas, aplazados por el paréntesis veraniego, por esa costumbre nuestra de dejar todo para después del verano.

Vecinos inmersos en la angustia ante esta rentrée, ante lo incierto de las aventuras económicas, o ante el fantasma del paro y el desamparo, o ante el desamor que visita a esas parejas cuyo futuro pende de un hilo (siempre es así en el amor, repleto de los ‘sustos del amor’, por otro lado), o ante la desesperanza de las personas mayores ya desatentas a las ilusiones de la vida, ya con dificultad para encontrar nuevas causas del deseo.

Antaño, por estas fechas, los niños veíamos cómo nuestras fantasías eran invadidas por el temor a las figuras de autoridad en la vuelta a la escuela o al Instituto, mientras que hoy no hay tal angustia para los más pequeños, pero si que la hay para los jóvenes sin empleo, y lo que es peor, sin expectativas de futuro. Jóvenes muy viajados, leídos, que pese a ello contemplan tanto la precariedad en su trabajo como un horizonte sin futuro.

Por eso las palabras de Adolfo Suárez, político desclasado, audaz, inclasificable (cuya figura, como suele suceder en España, se ha agigantado con el tiempo,) son palabras muy sintomáticas. El futuro puede escribirse quiere decir que la partida empieza continuamente, cada rentrée, cada septiembre. Es decir no debemos permitir que nadie nos escriba el futuro por razón de nuestra cuna, nuestras capacidades o discapacidades, nuestro sexo, o por vivir en ciudades más o menos tristes, más o menos visitadas por turistas, o más o menos vándalas.

La frase de Suárez le define porque un mes antes de ser nombrado Presidente del Gobierno, y escribir con su arriesgada acción política un futuro distinto, ya había finalizado un discurso en Cortes con una referencia machadiana, aunque sin citarle: ¡Qué importa un día! Está el ayer alerto/ al mañana, mañana al infinito, /hombre de España, ni el pasado ha muerto,/ ni está el mañana -ni el ayer- escrito/.

La lección implícita de Suárez y de Machado, sería nada de amilanarse, nada de acoquinarse, enfrentarse a lo que venga, aceptar los vericuetos del destino, acoger serenamente las inclemencias de la vida, ayudar, y callar. Porque además, nunca, pero es que nunca, nunca, nunca pasa nada.

 

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