Estos días hay millones de desplazamientos. Nos desplazamos, dice la DGT. Escapamos, la gran escapada, publicitan los del sector turismo. Viajamos a pesar de ser pocos días, un fin de semana largo, pero como apurando los escasos minutos. Hay un marchamo de huida, de éxodo.

Claudio Magris escribió que «viajar enseña el desarraigo, a sentirse siempre extranjeros en la vida», y en cierto modo, pienso, a salir del narcisismo, a mostrar un interés por el mundo, superior al que tenemos por nosotros mismos, a abrirnos a conocer nuevos lugares, atravesando los riesgos, dispuestos a perder nuestro tiempo en esperas interminables en aeropuertos, carreteras, o a esperar horas para ver determinada procesión de cofrades.

Pero el creciente deseo de salir de la rutina, de abandonar el tedio común en que transcurren nuestras horas, sobre todo si no amamos lo que hacemos, nos empuja en masa a este éxodo primaveral.

Quizá sea eso, que la luz y el sol de la primavera, que tanto esperábamos, anuncian el final del largo invierno, nos mueven a todos y a la vez, y en pocos días, a buscar el preludio del verano, y de ahí la eterna preocupación por la climatología que nos entra cuando se acerca esta semana, cuando nos convertimos en un éxodo de ciudadanos disfrazados de turistas, convertidos en turistas hasta para considerar las manifestaciones religiosas y espirituales como reclamos turísticos.

Este movimiento de masa, esta fuga anual y puntual a la cita, anhelando salir de las ciudades en busca de la costa, del pequeño pueblo, de otra ciudad, de un museo, de una comarca de otro país, este éxodo anual en estos días, puede ser muy representativo de nuestra época y sus esclavitudes: para aguantar el día a día se precisa de una huida de vez en cuando.

Es un éxodo efímero, de apenas unas jornadas que se pasan volando, pero que se alimenta de la ilusión de semanas anteriores donde se planea el fugaz viaje. Quizá sea lo mejor de todo esto, la ilusión que nos embarga, hasta el punto de que imaginariamente ya hemos viajado agotadoramente días antes de emprender viaje. Resta seguir el guión del plan, y esperar la llegada del triste retorno.

Quizá este éxodo masivo sea nuestra manera de estar solos, al estilo de Fernando Pessoa: «Ser poeta no es una ambición mía. Es mi manera de estar solo».

 

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