Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

 

El país de los letreros

Dejó escrito el periodista Julio Camba que Alemania era el país de los letreros, y que temía que sobre él figurara uno que dijera: ¡Desconfiad, periodista extranjero! Con humor contaba que había un letrero que decía ‘luz’ delante de las llaves de la luz, y de ‘timbre’ delante de los timbres. En España los letreros ahora son en inglés, como ese de ‘Exit’ en los juzgados de Palencia.

Pero también en nuestro país los letreros son invisibles, y se colocan sobre las personas para marcar, señalar, clasificar… Rubalcaba estos días lo ha expresado genial: en España enterramos muy bien. Escuchando este lunes al Rey Juan Carlos I traté de leer el letrero que, invisible, figuraba sobre su rostro.

Porque este lunes hemos vivido un día histórico, un día de esos que acontecen cada mucho tiempo, no siempre abdica un Rey, máxime cuando la Reina había sentenciado hace un par de años que los Reyes no abdican, se mueren. Quizá sea eso lo que ha ocurrido.

La muerte llega cuando el deseo se va. Si no hay deseos de vivir, deseos de hacer cosas, deseo de saber, deseo de investigar, deseo de escuchar a los otros, deseo de encuentros amorosos, deseo de inventar, si no hay deseo, no hay vida. Creo que el letrero que figuraba en el semblante de nuestro Rey (el Rey que desde 1975 ha acompañado la vida de toda nuestra generación, y de la anterior, y de la siguiente) era un letrero que podía decir algo así como ‘se me acabaron los deseos’, o también un letrero que formulaba una demanda: ‘ser deseo de deseo’. Ciertamente a poco que se estudie la vicisitud de su vida, no parece que haya sido una vida carente de deseos (al menos hasta hace un año en que ocurrió su episodio de elefantes y amante, y sobre todo su sorprendente problema con la culpa, es decir su posterior solicitud de disculpas a su pueblo y su enunciado ‘no volverá a ocurrir’). No ha portado el letrero de rey ñoño o de rey superyoico, o de rey aburrido, sino el de alguien que ha sacado adelante sus deseos sin temor. Siempre mejor un sujeto deseante que un plomo.

Y ahora viene el problema del nuevo letrero. Qué hacemos con nuestro ‘salud y república’, anhelo de tanta gente, y hasta qué punto deseamos mantener un reducto feudal.

Por mi parte, evocaré un letrero de A Illa de Arousa, puesto que Julio Camba era de al lado, de Vilanova. Un letrero único: ‘Prohibido mariscar de todo”.

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