Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

El viajero

La mudanza posible de la personalidad se asemeja al viaje. Hay lo que se puede cambiar y hay lo inmutable, de igual modo que hay el viaje repetido una y otra vez, y el viaje único. Y finalmente hay el viaje que nos deja indiferentes y el viaje que nos transforma. Así entiendo ese aserto de Magris: «a veces es como si el viajero resurgiera del agujero negro de su personalidad».
Si, es verdad que hay ese insondable agujero negro, inaccesible, hueso duro de roer que es muy íntimo e ignoto a la par que muy visible y claro, pues sin embargo está ahí, encima de la mesa, como la carta robada de Edgar Allan Poe. Un momento de un viaje puede iluminar ese agujero negro.
Y es cierto que un viaje nos espabila, nos deslocaliza subjetivamente, nos cura de nuestra tendencia a creernos el ombligo del mundo, nos aligera de la enfermedad del nacionalismo pues relativiza las virtudes del terruño, nos permite entender lo diferente, y nos aleja de esa rutina tan cara a la cohorte obsesiva. Ahora bien si el viaje es circular, como esos ruteros que dan vueltas en redondo, o como el errante que viaja a ninguna parte, o como el viajero que huye de los otros sin saber que él son los otros y que viaja permanentemente a nuevos lugares para ser el desconocido de los siguientes, entonces el viaje es enfermizo, y el viajero no viaja, es viajado. Admiro a los auténticos viajeros, esos que no confunden viaje y turismo, sino que viajan por la perenne búsqueda de ser mejores, como admiro a los viajeros que además escriben cuadernos de viaje, y nos han transmitido algunas de las mejores páginas de la literatura. Magris es un ejemplo.
Pienso que un verano, como un viaje, es una frontera, un pasaje, un límite, y así se espera mucho de cada verano, como se espera mucho de un viaje. Magris se refiere a un loco parisino que decía que se viajaba para conocer ‘mi geografía’, por lo que lo ideal sería comenzar a soñar con el siguiente verano y con el siguiente viaje.
El verano de vecinos ilustrados, de Claudio Magris, tenemos necesariamente que concluirlo con unas líneas del escritor de Trieste, y de su libro El infinito viajar: «a veces es como si el viajero resurgiera del agujero negro de su personalidad…y se quedase casi sorprendido de la dirección en la que le llevan sus pasos, revelándole patrias del corazón antes desconocidas para él».

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