«La crisis nos ha traído incertidumbre diaria, entre otros problemas»

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Organizado por el Seminario del Campo Freudiano de Castilla y León, la Casa Junco acoge mañana la primera sesión del curso ‘Ansiedad. Historia subjetiva y lógica de la crisis’, que se prolongará hasta 18 de febrero. Fernando Martín Adúriz es el director del semanario, que se enmarca en el ciclo Cursus, que llega a la quinta edición. La inscripción está abierta hasta completar el aforo del salón de actos de la Universidad de Valladolid, que colabora en la iniciativa.

–¿Por qué se ha elegido el tema de la ansiedad?

–Esta es la quinta edición del Cursus y ya desde el primer momento vimos que muchas preguntas de los participantes apuntaban al enigma de la ansiedad. Tras el Cursus de ‘Leer el síntoma’, comprendimos que los síntomas de ansiedad estaban muy presentes. Después comprobamos a diario la magnitud de este problema.

–¿Se puede hablar de la ansiedad como enfermedad?

–Se debe hablar de la ansiedad como la manifestación, muy aparatosa, de algo que no se ve. Y tal vistosidad puede llegar a cronificarse y ser muy molesta. La ansiedad se expresa paradójicamente como algo que irrumpe de un modo extraño y sorpresivo, pero a la vez familiar y cercano.

–El cuadro de ansiedad es muy reacio al cambio si se enquista. ¿Por qué es tan frecuente ahora?

–La época propicia por muchos motivos este fenómeno, también clásico, de la ansiedad, hoy generalizada. Señalaré un factor únicamente: tanta posibilidad actual de poder elegir entre distintas disyuntivas produce ese estado ansioso, que se acompaña de incertidumbres, de temores infundados y de anticipaciones.

–¿En qué manera influye la crisis en esa mayor frecuencia de casos?

–Ha traído un amplio abanico de problemas, sobre todo esa incertidumbre diaria. También el desasosiego, por decirlo en términos de Pessoa. Y produce en los sujetos un intento, siempre aplazado, de huida.

–¿Hay un perfil de la población que la sufre más?

–Las cifras lo que nos dicen es que hay millones de personas tomando ansiolíticos, de todas las edades y grupos. Algunos hablan de epidemia silenciosa. Mi idea es que hay muchas personas que lo sufren y no hablan de ello.

–¿En qué se manifiesta la ansiedad?

–En un conjunto de síntomas que incluyen acontecimientos del cuerpo como palpitaciones, sudoración, pellizco gástrico, sequedad de boca y también acontecimientos psicológicos como temores infundados, inseguridad y gran inquietud. Todo lleva a estados de hipervigilancia, bloqueos y falta de concentración.

–¿Qué consecuencias para las personas tiene esta ansiedad?

–Creo que el gran perdedor es el deseo. El primer curso trató del amor, el deseo y el goce. Pues bien, cuando se presenta la ansiedad, el deseo falla, o es errático. No hay apetito sexual, ni apetito de hacer nada de nada, todo se vive como una carga insuperable. Muchas personas hablan de un antes y un después de su encuentro con un fuerte episodio de ansiedad. Lo que sabemos es que hay una entrada en la ansiedad, pero también una salida clara.

–¿Y hay consecuencias colectivas para la sociedad?

–Personas muy valiosas, que necesitamos, rinden menos. Jóvenes que aspiran a desarrollar su vida profesional narran cómo han perdido oportunidades, y las empresas contemplan también las bajas laborales. Por no hablar del ingente gasto farmacéutico. Y por último, la vida familiar se resiente, con consecuencias para los hijos. Aún así convendría preguntarse con profundidad de qué hablan estos síntomas y si una sociedad del consumo y del espectáculo conduce a un modo no ansioso de vivir.

–¿Qué diferencias hay entre ansiedad, histeria y obsesión?

–Que se da en los dos cuadros neuróticos, pero que mantiene el lazo común de que los episodios pueden cursar con fenómenos de división subjetiva claramente de la cohorte histérica, donde el cuerpo va por un lado (desmayos, vértigos, rigideces…) y la cabeza por otro, en ese escenario tan caro al sujeto de la ansiedad de adelantarse siempre a los acontecimientos y de salirse de la escena. El obsesivo, asimismo, duda, teme, aplaza y se refugia en la circularidad de sus asediantes pensamientos, lo que le vuelve aún más ansioso. Es un circuito que hay que desconectar para que no funcione con tan dolorosos resultados, tanto en el caso del sujeto histérico como en el del obsesivo.

–¿Hay remedios contra la ansiedad?

–Nunca los ansiolíticos como único remedio. Nunca. Esto hay que insistirlo. Y también vamos a hablar de los efectos de los ansiolíticos, es decir que no son inocuos en su faz de fetiche o de talismán. Nuestra posición como psicoanalistas es que es muy beneficioso para las personas poner sus síntomas a hablar, y que produce efectos saludables relacionar la ansiedad con la historia subjetiva de cada paciente, no con su biografía. Y eso hará que se pesque la lógica implícita en cada crisis de ansiedad.

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