Nueva columna para “Vecinos ilustrados” en el Diario Palentino, por Fernando Martín Adúriz.

En voz baja

Eran los metros finales. Cross de Navarra, en Burlada. El pasado día 2 de diciembre. Un keniata, Mutai, va el primero, pero se detiene al creer que ya había rebasado la meta. Le persigue un español, Iván Fernández Anaya. Ve su despiste, y lejos de aprovecharse, le indica que ha de seguir, e incluso, cuentan que le empuja para que logre la primera plaza. El keniata vence, el español queda segundo, y declara a los medios: «Aunque me hubieran dicho que ganando tenía plaza en la selección española para el Europeo, no me habría aprovechado».

La noticia ha corrido por las redes sociales pero quizá haya pasado inadvertida para el gran público. En mi caso, me había olvidado de ella hasta que esta mañana un amigo me la ha enviado por mail diciéndome: «ahí está el tema». Entonces he pensado que el gesto no era francamente olvidable, sino merecedor de un comentario.

Y en esas estoy junto al lector del Palentino. De las noticias que nos llegan, cada dos por tres nos aparecen algunas que nos reconcilian de nuevo con lo humano, mientras lo normal es que otras muchas nos incomoden porque nos dan una vertiente de nosotros mismos francamente olvidable, porque nos despiertan lo peor.

Gide decía de Las Flores del mal, de Baudelaire, que conversaban con cada uno de nosotros, «en voz baja». La idea sería que esos gestos de honradez, de bondad, pudieran hablarnos constantemente en voz baja también. Es decir, que estuvieran tan inoculados en la mente de los niños como para recordarles de continuo que no se pueden usar las extraordinarias ventajas que la mentira y el engaño propician en la competición y en la relación con los iguales. Y que el gesto de ayuda al otro no debe vincularse ni a sus ideas, al color de su piel, a su modo de ver el mundo, a su sexo, ni a su procedencia.

Pero también pienso que ese gesto del corredor no es sino el botón de muestra de otros muchos gestos que otras muchas gentes anónimas realizan cada día y sin publicidad.

Quizá necesitemos mirarnos en esos gestos de otros, pero resulta que mucha más gente de la que nos pensamos realiza a diario acciones beneficiosas para los demás, pensando más en el otro que en sí mismos.

Si amar es dar lo que no se tiene, eso es lo que hacen. En voz baja.

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