Alcaldesa de otro pueblo mínimo de la provincia de Palencia, representa como tantas otras alcaldesas el ejemplo de la entrega a la tierra natal, al esfuerzo por los suyos, que es tanto como decir los nuestros, los pequeños habitantes del medio rural que nacieron, laboraron y vivieron toda su vida en esa su tierra natal y ahora necesitan del apoyo firme de la generación que salió a formarse fuera (Estela estudió Derecho y es funcionaria en los servicios centrales de la Junta de Castilla y León) y despliega su saber en estos pequeños ayuntamientos.

Estela Redondo junto a Juan Ramón Lagunilla presentaba esta semana un ciclo de conferencias y debates acerca de la despoblación. De eso sabe, como saben quienes están al frente de estas comunidades de menos de doscientos habitantes y que han visto como inexorablemente se iba reduciendo el censo de población.

El éxodo rural no es nuevo, ni de aquí en exclusiva, y no me parece fenómeno simple, al menos no reducible a la fría cifra estadística. Es un misterio que algunos pueblos mantengan relativamente su población mientras otros la disminuyan considerablemente. También es llamativo que a algunos pueblos no les importe tanto la despoblación como el abandono.

Este significante, abandono, encierra muchas significaciones, no todas peyorativas. De hecho, ser abandonados es requisito básico para desarrollarse libremente, como saben muy bien los niños que han logrado desembarazarse de ser objetos de cuidado para reivindicar ser sujetos de decisión.

Otra significación de abandono es que quienes mantienen los pequeños pueblos pueden entregarse al ingenio creativo y pasar página de la queja y el lamento. Del otro significado de abandono, el perpetrado en décadas a manos de la alta política, y de algunas administraciones, mejor no hablar.

La pregunta es si hablar de despoblación facilita las cosas o no. La respuesta de momento es que personas como nuestra vecina ilustrada de hoy no sólo no abandonan a los suyos y a su tierra natal, sino que ponen su saber, que en el caso de Estela es mucho, al servicio de los vecinos. Larga vida a los pequeños pueblos.

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