Nueva columna para “Vecinos ilustrados” en el Diario Palentino, por Fernando Martín Adúriz.

Extraordinarias ventajas

«Las extraordinarias ventajas que la mentira y el engaño procuran en la competencia con los demás». Sin ponernos fundamentalistas, pues no es posible nombrar la verdad de la verdad, lo cierto es que entendemos muy bien el enunciado freudiano.

La época va acuñando nuevos eufemismos. Nuevos sintagmas que traducen ese perenne recurso humano a engañar para obtener extraordinarias ventajas frente a los otros. Optimización fiscal es precioso. Imagen corporativa no se queda a la zaga. Pedagogía política es lo más de lo más. Contabilidad creativa es una bomba en el hit parade de las trampas, aunque no todo es perfecto y a veces se descubren artificios contables. Y así podríamos seguir con una lista interminable de medias verdades, de ocultamientos varios, de ficciones que construyen la realidad que interesa.

Las figuras del impostor, del mentirosillo, del embaucador no son sino figuras de un tipo de organización económica basada en derechos adquiridos, en la competencia desleal, en los privilegios extraterritoriales, en las exenciones, en los fueros especiales. En esta organización que se basa en almacenar capital, en almacenar objetos, en definitiva lo podríamos reducir al almacenaje y sus variantes, proliferan almas de negociantes sin escrúpulos, codiciosos sin límite y una estirpe de reyes de la oratoria tramposa.

Lo que podría denominarse sin ambages robo generalizado tiene nombres menos agresivos. Y mientras los jóvenes se muestran seducidos por el glamour (otrora hechizo mágico u oculto que afecta la percepción visual de una persona) y el photocall, mientras los intelectuales dan ponencias, cobran dietas y se hacen tertulianos, los pensionistas almacenan productos farmacéuticos para postergar al máximo una vida de la que hace tiempo excluyeron el sexo y el deseo.

Y entonces ya sólo podemos confiar en el revolucionario. Pero tampoco está muy dispuesto a perder, no quiere ser un héroe que entrega su sangre por la obvia causa de desenmascarar el lenguaje de los de las “extraordinarias ventajas”, y opta por el cálculo de lo que puede ganar o perder, y así no hay revoluciones posibles (como veremos a los revolucionarios catalanes sacar la calculadora para efectuar con seny el cálculo de coste/beneficio, por esconder la cartera detrás de la senyera).

El trabajador honesto que no se desespere, que acepte deportivamente la derrota ante el ascenso a la cumbre de los que mejor mienten, de los que mejor dominan el arte del camuflaje de las palabras. Saber engañar con esmero, en escuelas bilingües, puesto que habrá que saber mentir en muchos idiomas, se tornará en aprendizaje esencial para el currículum de los que aspiran a acumular. Será una ventaja extraordinaria.

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