Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

GR1 palentino

Este sendero puede llegar a convertirse en uno de los grandes atractivos de nuestra querida Montaña palentina. Es un sendero histórico que recorre en España más de 1500 Kms entre Ampurias y Finisterre, y que en la provincia de Palencia comienza en el puente romano Arrojadillo (otra belleza desconocida) y finaliza en el collado de la Cruz Armada, recorriendo de este a oeste buena parte del Parque de Fuentes Carrionas-Fuente Cobre.

Pero lo sobresaliente, e inaudito para lo que estamos acostumbrados, es que está plenamente señalizado, al menos en la etapa que conocí el otro día, la que va de Estalaya a Cervera de Pisuerga. Hacía tiempo que deseaba recorrer el sendero, pero desconocía que iba a permitirme seguir deleitando nuestros parajes, esos que desde distintos ángulos había ido recorriendo desde niño, pero que ahora, por ejemplo, al recorrer el pantano de Requejada desde este sendero que va desde Vañes a Arbejal, me ha permitido mirar de otro modo ese mismo pantano, esos robledales, y esa calma que se respira.

Es cierto que apenas está transitado, porque quizás aún no se ha publicitado bien este GR1, y se desconoce que es posible recorrer plácidamente estos 88 Kilómetros palentinos (se aconsejan realizar en seis etapas), o porque quizá nuestra Montaña tiene escrito en su destino el significante soledad, o porque quizá nuestros tiempos no son para la cosa simple de recorrer senderos con el “torpe aliño indumentario” que diría Machado, de andar mirando, de sumergirse en la naturaleza sin más, de pasear sin prisas y sin marcas a batir.

Sea por lo que fuere, el caso es que tenemos que contradecir al poeta que dejó escrito eso de que caminante no hay camino, puesto que hay camino, hay al menos una propuesta-excusa para volver a recorrer la Montaña. O que puede ser una llamada para el gran público, puesto que los buenos aficionados a la Montaña palentina saben de las Agujas de Cardaño, de Covalagua, del Valle de Pineda, de la Espina, de los mil recónditos recorridos, pistas y senderos que atraviesan la sin par Montaña palentina, aún también ella bella desconocida.

Y aquí hay quien piensa que mejor así, que desconocida, que silenciosa, que poco transitada por el gentío, que sólo para unos pocos escogidos que la desean intacta, solitaria, limpia y preparada para acogerles a ellos, para cuando a ellos les plazca recorrerla. Ocurre que tarde o temprano no se va a poder ocultar lo que sabemos: la Montaña Palentina encierra un secreto.

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