Nueva columna de Fernando Martín Aduriz para El Diario Palentino en su columna Vecinos ilustrados.

 

 Il Muro

Pocos libros como el de Il muro dell’ anoressia, editado ya en castellano desde hace unos meses, han contribuido más a despejar el abigarrado mundo de los estudios acerca de esa invisible y cotidiana cuestión de la anorexia. Un asunto que trasciende los escenarios habituales de los profesionales, sus jornadas y congresos, para penetrar en los medios de comunicación, en la agenda de la ciudad y sus problemas.

Y es que efectivamente la enigmática anorexia da para mucho. Conocemos la vertiente de escritura para tratar de captar algo de la anorexia en novelas como las de Amélie Nothomb, especialmente Biografía del hambre, o aquella de Nadia Fusini, Su boca más que nada prefería, sin olvidar a toda la estirpe de los libros de autoayuda, entre los que destacan por pintorescos los escritos por las top-model. Y se sabe de las tragedias a que puede conducir como para tomarse a la ligera su estudio y el esfuerzo espectacular que realizan familiares y clínicos.

La anorexia da para mucho, y no para reducirla a un problema de tallas, a una moda, o a un trato conductual simplón de premios y castigos. Reducir toda la inteligencia del problema a un desvío perceptivo, a una corriente simpática de imitación, o a obscuras interpretaciones de toda guisa, sin tomarse la molestia de conversar a fondo con el sujeto anoréxico, por lo general femenino, y adolescente, es desde luego un insulto a la inteligencia.

Por eso con Il muro pudimos toparnos con un alegato claro para desentrañar la naturaleza de ese rifiuto esencial, que es el santo y seña de la anorexia mental.

Su autor, el profesor universitario Domenico Cosenza, actual Vicepresidente de la

Federación Italiana de Trastornos Alimentarios, -que además mañana hablará en Palencia, en Casa Junco, buena cita para el vecino ilustrado- ha escrito un libro que orientará a generaciones de jóvenes psiquiatras y psicólogos, a estudiosos y clínicos de la anorexia mental.

Ese comer todo el rato un objeto tan intrigante como es el objeto nada; ese repudio de la papilla asfixiante; ese rechazo rotundo, sin fisuras, a todo alimento o a una lista siempre incompleta; ese abandonarse hasta la hospitalización incluso; ese mostrar a la mirada un cuerpo anamórfico; en ocasiones ese sustraerse a la hipotética invasión de un Otro, finalmente son fórmulas que hacen pensar al lector de Il muro y que sirven para mostrar al sujeto anoréxico lo que está en juego. Luego hay que ver si desea la cura.

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