Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

Instante

             Con “Un hipopótamo en Lund”, columna de Claudio Magris publicada en El infinito viajar, podemos explicarnos el valor del instante. Relata una anécdota del santo San Luis Gonzaga cuando era tan sólo un niño y alguien le pregunta qué haría si supiera que va a morir en unos minutos. Entonces el futuro santo responde que seguiría jugando.

De entrada es cierto que siempre puede haber cerca un pariente que pregunte por la muerte, pues es muy caro ver la vida desde ese supuesto punto ideal desde el que se juzga y se mide, convirtiendo entonces la vida en un tiempo pretérito siempre. El pariente que le preguntaba eso no estaba en el tiempo presente, sin embargo el niño Luis sabe que si disfruta de ese instante de vida no necesita adelantar acontecimientos. Magris toca pues una tecla muy sutil: cómo encontrar en el presente la justificación de la vida sin aprisionarnos con los recuerdos del pasado ni con las incertidumbres del futuro.

El hipopótamo de Lund, que da título a su columna, es un juguete que Magris encuentra en el museo de esa ciudad, y al que describe como “una pobre criatura que muestra en sus lomos todos los palos que la vida y la historia le han infligido, pero les contrapone una tranquila dignidad toda suya subrayada por los remiendos”. Esa descripción podría ser la de cualquiera de nosotros: tras recibir los palos de la vida, deteriorados y con cicatrices invisibles, cada uno de nosotros porta un resto de dignidad, la que nos ha quedado tras las heridas de guerra que son los encuentros con los otros.

Por eso aceptar la instantaneidad y despreciar la espera ansiosa tanto como el tormento de la historia nos une a lo mejor de la infancia. Magris se hace eco también de un relato de un amigo suyo pediatra: un niño gravemente enfermo de leucemia, nada más acabar con el gota a gota, cogía el asta de metal usada para colgar los medicamentos y echaba a correr esgrimiéndola por los pasillos, simulando estar en un autos de choque en medio de un parque de atracciones.

Añorar un tiempo que no volverá, o temer lo que nos va a deparar la vida nos sitúa en la mala perspectiva. En palabras de Magris “la estúpida y amonestadora gravedad del adulto, que necesita darse importancia con pensamientos elevados porque no es capaz de vivir, tan sólo vivir: necesita tener metas y compromisos que le distraigan de esa impotencia, no sabe ir errante…desprecia la fútil hora presente”. Quizá como San Luis Gonzaga de infante no hagamos otra cosa que seguir jugando.

 

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