El otro día en el desfile de Alta Costura a beneficio de la Asoc. de familiares de enfermos de Alzheimer pude percibir el cariño de mucha gente por un modisto sorprendente. Se tiene que ser muy cariñoso para obtener eso mismo.

Seguramente para ser modisto se requiere un saber muy profundo acerca de lo que desea una mujer, de los ojos con los que mira el mundo, de lo que inventa para hacerse mirar. Eso es lo que el modisto parece entender mejor que ninguno de nosotros, el correcto uso del velo que permite realzar una imagen, fabricar una figura en torno a un cuerpo. Por un instante fugaz.

Si José Martín comenzó desde muy joven a dedicarse a la costura lo desconozco, pero apuesto a que es desde siempre, desde que supo que podía satisfacer el breve sueño de una mujer.

He vuelto a leer un texto de una hija de modista. Lo habló en una Jornada dedicada a un libro titulado La página en blanco. Comparaba el comienzo de la escritura con la gran mesa de modista sobre la que su madre trabajaba. Los tres tiempos lógicos, ver, comprender, concluir, aparecían en el trabajo de una modista. Primero instante de ver: el corte con la tijera, ya sin remedio ni rectificación, y la emergencia de los patrones de formas extrañas. Después el tiempo de comprender de lo que se iba gestando cuando se casaban los recortes con precisión quirúrgica, y aparecían hilvanes, hilos flojos, tiza, alfileres y demás arsenal lingüístico. Y finalmente el momento de concluir con la plancha de pinzas y costuras, el cosido de los botones, el hacer ojales, y el remate final.

Esa edificación desde la página en blanco quizá precise de una mirada amorosa en el caso del modisto, pues cómo pensar que se dedique tanta pasión a la identificación con una mujer, a sus sueños, a lo que la puede hacer aún más bella, cómo hacerlo sin mirada embelesada.

Dicen amigas de José que posiblemente no conozcan mejor persona que él. No es mal título el de persona bondadosa, para que luego digan que son malos tiempos para la bondad. Para beneficio de la ciudad tenemos a un modisto de prestigio, un orgullo para quienes se alegran de los éxitos del de al lado.

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