Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

Josefa, maestra

En la fila del Teatro Principal esperando a que Peridis le firmara el libro que presentábamos a continuación reconocí a Josefa. Se la presenté a Peridis argumentando lo mismo que la responsable de la librería que estaba sentada al lado: Josefa ha sido maestra de varias generaciones de alumnos en Palencia. A lo que Peridis con el ojo de águila que le caracteriza puso en el libro que le firmaba. “A Josefa, maestra de media Palencia”. Este encuentro me permite traer a esta columna a Josefa, como deuda que tenía contraída desde hace un par de años, espoleado por una de sus alumnas, que reiteradamente me pide que pague esa deuda. Voy. Y por qué hablar de Josefa, y por qué de una maestra, cuando total han habido en Palencia unas cuantas y muy queridas y recordadas, por cierto. El homenaje a las maestras, además, lo hice hace poco en “Parvulistas”. Pues creo que Josefa tiene en común con otras maestras que efectivamente se ha volcado con sus alumnos, ha dado clases en las condiciones en que antes se daba clase, con exceso de alumnos, casi sin materiales didácticos, etc, aunque también hay que decir que en medio de un respeto por parte de los padres y de la sociedad en general que tanto reclaman las actuales maestras, desconcertadas ante las veces que tienen que poner límites a la intromisión en su tarea por parte de quien no debería entrometerse, al menos tal y como hacen en sus profesiones, que no lo permiten, mientras que cuando se ponen el traje de padres se ven compelidos a juzgar, criticar, sugerir, proponer, cuando no exigir un determinado modo de actuación. Pero lo que hace que una maestra como Josefa sea distinguida son dos rasgos. Uno, la unidad de su discurso, la autenticidad ejemplar de lo que dice y hace con lo que piensa, una vida coherente, con el sacrificio que supone siempre eso. Y dos, el trato especial con sus alumnos, ese acercamiento, que al decir de sus alumnos, (y he conocido a muchos en mi profesión que me han hablado de ella) suponía el auténtico rasgo de distinción.

Pero lo que es aún más sorprendente es que años más tarde a Josefa la paren por las calles sus antiguas alumnas, ella las reconozca, se sepa nombres y hazañas, y en una palabra, siga ejerciendo de maestra, profesión que, cuando se ejerce con pasión e intensidad, Josefa, ya ves, no se acaba nunca. Gracias, vecina ilustrada, pago aquí lo mucho que indirectamente todos te debemos.

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