Tendemos a creer que la política es cosa de los políticos y nos desentendemos de la cosa pública, del acontecer de la ciudad. No todos. Nuestro vecino ilustrado de hoy, Lagunilla, parece darnos la lección (como el maestro que lleva dentro) de que la política puede llevarse puesta, en la sangre, y eso, que es pasión individual, es beneficioso para el lazo social, es una fuente de salud para los que tienen la fortuna de contar con políticos.

Es verdad que Juan Ramón Lagunilla tuvo importantes responsabilidades políticas, tanto en su partido, como en el Congreso de los Diputados donde fue diputado por Palencia durante varias legislaturas en los años ochenta. Pero también ha sido profesor en varios colegios e Institutos, y ahora, ya jubilado, es secretario en España de la Liga de la Educación y la Cultura Popular. Ergo, siempre político. Toda responsabilidad en asociaciones, comunidades, todo lo que es participación en la polis, en la ciudad, todo eso deberíamos verlo como política.

Si ampliáramos así el concepto de política, entonces amaríamos más la idea de la política, como esa gran conversación tan necesaria. No sólo una conversación entre ciudadanos libres, sino entre políticos, que se supone pueden estar más capacitados para dialogar y llegar a acuerdos. Ocurre que el poder, la búsqueda del poder, la erótica del poder, contamina la política y la aparca, reduciéndola a la gestión burocrática, a la política de las cosas, bajo la mentalidad de que el gobierno es algo demasiado serio como para confiarlo a Ios seres hablantes, mejor confiarlo a las cosas.

El otro día escuché cómo presentaban en un acto a Lagunilla. El profesor Ramiro Curieses habló de su trayectoria en términos elogiosos, como tantas personas que le han ido queriendo a la par que aprendiendo, y otorgan a Lagu ese gancho especial para unir gentes en proyectos ilusionantes. Me fijé en dos ideas: nuestro vecino ama a los ilustrados, y además construye puentes. Seguramente esas dos ideas son la esencia de un buen político, alguien que se orienta por la cultura frente al oscurantismo, y alguien que une orillas diversas.

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