Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos iustrados del Diario Palentino

Jugar o ir a la escuela 

«Un niño tiene que jugar, no ir a la escuela» ha sido el titular sorprendente de una entrevista realizada al Decano de la Facultad de Educación de la Universidad de Helsinki, Jari Lavonen.

Nada más leer el titular pensé que al proceder de un finlandés, país donde el sistema educativo pasa por ser el que mejor resultados obtiene en los sucesivos Informes Pisa, iba a ser tenido en cuenta. Allí los niños van a guarderías municipales centrados en lo lúdico, algunas madres se ocupan de varios niños a la vez y son remuneradas, por lo que la educación formal comienza más tarde que aquí. La periodista le pregunta entonces, “La educación en Finlandia comienza a los siete años. ¿Por qué tan tarde?”

La pregunta incorpora de entrada la testaruda confusión entre educación y escolarización. Que un niño esté escolarizado no es garantía de que esté siendo educado. Y viceversa, se puede educar a un niño sin pasar por el recinto escolar formal. Confundir enseñanza y educación, o reducir la segunda a la primera, atajo clásico, deja el problema intacto.

Decir que es tarde comenzar la enseñanza a los siete años puede tener su lógica, pues estamos por estos lares tan seguros de que las cosas se tienen que hacer cuanto antes, que conocemos padres ansiosos que enseñan a leer a sus hijos tras el destete, y de hecho es tal la obsesiva preocupación de los padres de nuestro entorno por los estudios, los deberes, las notas de sus hijos que se diría que estamos en un país culto repleto de personas adultas que aman el saber, la cultura, la ciencia, y que desean empezar cuanto antes a enviar a sus hijos a recintos donde se transmita eso mismo. Ocurre que por doquier observamos otras cosas: desprecio más bien por la vida intelectual, por decirlo rápido, y falta de respeto a los maestros, por expresar lo que ya es vox populi.

En cualquier caso, la respuesta literal del profesor finlandés se las trae. Vean: “¿Y por qué antes? La niñez es para jugar, para hacer cosas con otros, para colaborar, no para ser educado de una forma reglada y pesada. Un niño de cuatro años tiene que jugar, no estar en una escuela con una educación reglada”.

Si no saben jugar, no sabrán pensar. Es un lema antiguo.

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