Quizá pocos líderes estén tan comprometidos con el medio rural que Julio César Izquierdo, pocos viven en un pueblo, animan con mil ideas y eventos sus calles, promueven el turismo y las iniciativas, etcétera. El escritor, actor, locutor radiofónico, empresario y polifacético es un paradigma de la autenticidad y la honestidad, esto es, no es de los que vienen a hacernos unos estudios desde Madrid, antes para “dinamizar el medio rural” (horrible expresión), y ahora para “fijar población” (expresión horrible), sino de los que permanecen viviendo en el pueblo esperando recibir a los intelectuales de la gran ciudad para atizarles desde la sorna.

                       Esta tarde presenta en el Auditorio Castilla un nuevo libro, Castilla, ancha y eterna (Mar Editor, 2018). Será presentado por el autor del prólogo, Marcelino García Velasco, y los parlamentarios palentinos Rosa Aldea y Miguel Ángel Paniagua, es decir un cartel muy interesante para saber algo más del sentir de nuestros pueblos, del sentir poético y del sentir político.

                       Un esfuerzo de poesía se precisa para amar y entender el orgullo y la lucha de quienes aman el pueblo en que nacieron, y no se resignan a perder esos recuerdos, esas imágenes del pasado, esa infancia, pero sobre todo esa seguridad que muestran en el futuro de la vida en los pueblos, en su arte y su cultura, en su progreso.

            Ruraliano sería la nominación correcta que aprendí de Julio César, y nunca ya olvido. Un ruraliano como nombre simbólico de un discurso, el que proclama que hay una notable diferencia entre un ruraliano y un urbanita.         Para los primeros, una seña de identidad, un reagrupamiento de quienes prefieren ese hábitat, que tienen idealizado tanto en valores culturales, (respeto a las tradiciones y amor a la historia como en rasgos de personalidad (la sinceridad, las cosas claras, la rectitud, la reciedumbre) o en ventajas ambientales, y en la ausencia de contaminación, especialmente la acústica. Al urbanita lo ven como un claro ejemplo de complejo de superioridad, de alguien que se cree que es más vivir en una ciudad, que vivir en un pueblo, que quedarse en un pueblo.

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