Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

Kant con Skinner

No es que te multen, no es que te recauden más impuestos, es que encima te riñen. Kant con Skinner.

No es que traten de modificar tu conducta con castigos, con sustracción legal de dinero y con puntos, (¡con puntos! como en el Instituto si corrías por los pasillos) es que si te dejas te dan una de moral kantiana: el deber ser, oiga, que usted no lo hace bien.

A nadie se le escapa que el afán recaudatorio estatal está en la base de la estrategia de sanciones y multas en carreteras y ciudades. De lo contrario cómo explicarse esa táctica de ocultamiento, de camuflaje, de juego de escondite para cazar. ¡Cazar! ¡Qué verbo!

Cada conductor es en potencia, lo sepa o no, alguien que tarde o temprano va a ser cazado, esta vacación o la siguiente. Cazado por agentes que obedecen, y que te cuentan en secreto que reciben remuneraciones si la caza ha ido bien, y que no salen a ayudar, no, a eso ya no, salen cada mañana a la caza y captura del conductor pardillo, ese que tras ahorrar durante meses, pagar impuestos al llenar su tanque de gasofa, contribuir consumiendo con Ivas varios, aún le queda otro impuesto: pagar trescientos de sanción por ir a 70 y no a 50.

Si todo finalizara ahí, genial, se paga y punto, Skinner. El problema viene cuando encima nuestro conductor medio es reñido, Kant, golpeando en su sentimiento de culpa. Paradójicamente el Estado agradece ese gesto de mal ciudadano, pues de este modo recauda un poquito más y puede subvencionar a la industria automovilista para que fabrique coches potentes, objetos de recaudación de impuestos de circulación, y además…poder multarlos. Y así.

Si Skinner y ese sistema de premios y castigos, ese condicionamiento operante de señales-agentes-radares no surte efecto (todo sistema conductista sin excepción está condenado a la falla dado que el lenguaje humano es creativo y equívoco) si fracasa, por más sofisticado que se organice La naranja mecánica y el Walden Dos que nos han montado los tipos de la maquinaria estatal de 1984 y de Vigilar y castigar, si no triunfa merced a nuestro ingenio humano, que se organiza a la contra boca a boca, entonces los agentes, y la publicidad, pueden recurrir a Kant y su moral del deber ser.

Y a nosotros no nos va a quedar otra que asumir este nuevo impuesto recaudatorio de un fijo anual de pagos por el mero hecho de circular.

Circulen, circulen.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies