Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

La ansiedad que no cesa

No dejo de preguntarme cómo este síntoma puede haber tomado proporciones epidémicas (de epidemia silenciosa dicen algunos) en el tiempo que nos toca vivir. O si se quiere qué componentes lo hacen tan especial como para que ya millones de personas en nuestro país estén abonadas al ansiolítico a diario, años y años, y el sufrimiento que conlleva todo lo relativo al mundo de la ansiedad sea tan agudo, tan persistente en el tiempo. O que su solución sea tan escurridiza en algunas ocasiones.

Tiene que tener algo que lo hace tan querido, y tan fiel, y sea tan duro abandonarlo.

Conocemos explicaciones de quienes han logrado superarlo, lo que nos ha permitido verificar sobre todo algo que se olvida con facilidad: no hay dos lógicas idénticas. Ello quiere decir que quizá debiéramos revisar nuestra pertinaz idea de que todo ha de seguir unas pautas protocolarias, unos protocolos que supuestamente nos indicarían que ante determinada lista de síntomas, independientemente de quien sea el sujeto que lo sufre, debemos de actuar con la misma parsimonia técnico-científica. Aún no hemos escarmentado, y creemos que los fenómenos son neutros, y se dan siempre igual en todos los sujetos, sin importarnos su historia.

Claro que entonces ahí aparece la gran dificultad, cómo interesar lo suficiente a cada sujeto, uno por uno, para que dedique fuerzas a desentrañar la lógica que ha causado ese fenómeno de la ansiedad en él o ella; su conexión con su singular modo de ser; sus identificaciones y el lugar ideal desde el que se mira; con lo que se imagina de su cuerpo y de su pensar; sus conexiones con otras facetas de su personalidad, y también por supuesto el uso que hace ante los demás de eso que es tan doloroso.

En fin que esa tarea parece enorme, pero claro, lo que es enorme es el reguero de sufrimiento que conlleva y lo que hace sufrir a otros, y lo que es una enormidad es que a veces dure años y años sin que los ansiolíticos ya produzcan más que un efecto de sugestión, un bello talismán que acompaña por si acaso, una fiel mascota.

Finalmente, nuestra época aporta su atmósfera. Antes no se elegía casi nada, todo nos venía impuesto. Hoy, podemos decidir entre múltiples opciones, cambiar de sexo, de color de ojos, de pareja, de ciudad, de profesión, elegir y elegir tanto, que lo extraño es que la ansiedad no sea sino lo que viene siendo, algo que no cesa.

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