Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

La dañina soledad

Al parecer un estudio de un experto, y de la National Geographic, ha investigado acerca del secreto misterioso de una vida larga y sana, es decir, cuál es la causa auténtica de la longevidad, más allá de los parámetros comunes. Pues bien, hay un factor que impide vivir mucho,  ‘la dañina soledad’.

Al parecer existen determinados lugares en el planeta donde hay mejores condiciones para la longevidad. Okinawa en Japón, Salinus, en Cerdeña, Nicoya, en Costa Rica, Icaria, en Grecia, y Loma Linda, en California parecen ser algunos enclaves donde viven más años y con buena calidad, en donde en palabras de alguien, “se olvidan de morir”, en donde la genética no influye, sino que se camina mucho, se lleva una vida slow, sin prisas, su dieta se basa en vegetales, no se fuma, y se está constantemente junto a otros evitando la ‘dañina soledad’, incluyendo lazos familiares sólidos.(Por cierto, en dos de esos lugares constatan también que se bebe buen vino tinto, y que la economía familiar la llevan las mujeres).

Un estudio muy oportuno para nuestra idea repetida de las virtudes del lazo social, pero en esta ocasión lo que importa es el calificativo de dañina para la soledad.

¿Y qué tiene de malo la soledad? Pues que como el colesterol bueno, que se lleva al malo, es necesario probar de la buena soledad para que contribuya a luchar contra la dañina soledad.

Y así, nada como privilegiar desde la cuna el acceso a la óptima soledad, la que permite descubrir el mundo y buscar el modo de adoptarlo, de insertarle en él sin las restricciones de la sobreprotección, del exceso de cuidados, de los acoplados que incordian, de los que se nos juntan y nos obligan a portearlos como un pesado fardo. Ellos no saben estar solos, quizá ninguno sepamos de verdad estar solos, y esa asignatura no la aprobemos nunca. Pero desde luego siempre mejor gentes que sepan sostenerse solas en el mundo y que acepten las pérdidas. Arden las pérdidas, diría Gamoneda, son inevitables en nuestra vida, por lo cual opino que saber perder es vital para vivir mucho.

Por otro lado está Lord Byron, quien dejó escrito que “salgo de casa para renovar el apetito de soledad”. Es cierto, deseamos estar con otros, pero al poco rato ya estamos cansados, y vuelta a casa a nuestra solitaria fortaleza.

Y no olvidemos que hay formas de soledades aunque reivindicadas, tramposas, como la de esos sujetos que se aíslan, a la vez que persiguen ser contemplados en su magna soledad.

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