VECINOS ILUSTRADOS. DIARIO PALENTINO, jueves 20 de diciembre de 2012

 

 

“La dictadura de la norma enjoy”, me parece una excelente definición de nuestro momento, la expresión de uno de los rasgos princeps de nuestra época. Disfrutar obligatoriamente en las fiestas es la norma que se impone en el interior de las conciencias.

Ya no es que nos lo impongan los otros, es que ha calado tanto esa norma enjoy, reclamo publicitario incluso para convencer de comprar objetos variados, que si creemos no cumplir con el protocolo de disfrute entonces nos merecemos una buena dosis de tristeza. Y así, se autoexplica la tristeza con este argumento: es que no disfruto. Sobra decir que el protocolo obliga a disfrutar de los objetos puestos en circulación, no sea que alguien se equivoque y consuma de los objetos que logra recrear en su imaginación.

Pero hay que recordar que la tristitia tiene un recorrido esencial cuyo tránsito es tan normal como la norma enjoy. No recibir la visita de la tristitia es tan poco normal, que empieza a preocupar este sordo lamento social que proclama fiestas tristes, año próximo de malos augurios, depresión generalizada –y farmacopeada, claro–, caída de la ilusión y otras zarandajas exageradas, que además olvidan el derecho a ser tan eminentes como los hombres de que hablaba Aristóteles, cuando escribió que tenían, en tanto eminentes, derecho a la tristeza.

Ahora que se avecinan eso que se llaman fechas señaladas conviene no olvidarse del comienzo de Ana Karenina, y de su todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada. Tolstói parece no dejarse hipnotizar por la dictadura de la norma de la idéntica felicidad para todos.

Este altibajo social que nos rodea, que parece llevarnos desde la exhibición burda de la alegría desbordada de unos años, a la impresión de que todo es triste y cabizbajo, nos reporta una incertidumbre, cómo situarnos en este tiempo tan cambiante. Casi mejor apostar por la serenidad, y aún mejor por la prudencia, de donde se obtienen mejores resultados que de la estruendosa tonta felicidad y de esa alegría obscena impuesta. Defender la alegría de la alegría, escribió Benedetti, queriéndonos advertir de que la alegría tiene sus excesos.

El americano enjoy, la recomendación que los vecinos se desean entre sí estos días, de disfrutar mucho de estas fiestas, olvida que hay otras aproximaciones intelectuales posibles al hecho que se conmemora. Y que hay el recogimiento, la memoria, la conversación, la historia.

 

 

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