Nueva columna de Fernando Martín Aduriz para Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

 

Lisboa

Marcho mañana a Lisboa. Nos vamos a Lisboa mientras que otros van de espíritu, los más, millones en todo el mundo, quienes verán a distancia un acontecimiento de masas, de nuestro tiempo, y que ha alcanzado proporciones inimaginables hace décadas.

Y Lisboa, para mí es Pessoa, Fernando Pessoa. Y Lisboa la entiendo en la frase del poeta, “la pena de no ser otro”. Esta frase de Pessoa define a mi entender el punto de almohadillado, el significante princeps, el síntoma que recorre sus calles, sus gentes, sus fados. El perfume de una ciudad encantadoramente triste. El escritor decía que “la vida perjudica la expresión de la vida. Si yo viviera un gran amor nunca podría contarlo”. Pues bien, en sus escritos subyace su gran amor por Lisboa.

“La pena de no ser otro” es de uno de mis libros favoritos, El libro del desasosiego, pero es que en Diarios, Pessoa insiste: “Me siento múltiple”. Y luego están sus heterónimos, con los que ha construido su identidad, su estabilización, su equilibrio sintomático, su “vivir es ser otro”. Sus heterónimos le salvaron de la vida que no soportaba, como a nosotros nos permite el futbol alejarnos de la pasión por el estudio y por el trabajo, para enfriarla, para atemperarla a la par que trasladamos el fuego a la pasión futbolera, al delirio en las gradas.

Nada como estas reflexiones ante una final, ante un Real Madrid-Atlético de Madrid, un “yo es otro” de Rimbaud, una lucha especular entre dos, donde acaece el contagio, el transitivismo, la mutua identificación. El fútbol es una sensación, Lisboa es una sensación, y ya Condillac decía en su Tratadoque “por más alto que subamos y más bajo que descendamos, nunca salimos de nuestras sensaciones”.

Y en pocos sitios de Lisboa he comprendido mejor ese “vivir es ser otro” que en el Chiado y ante la estatua de Pessoa en La Brasileira, su café de cabecera, allí donde desde principios del siglo XX se iba a tomar bica gratis al comprar café en granos, café fuerte y corto. La estatua inmortaliza a un Pessoa, uno de los grandes escritores, alguien que había dejado escrito: “la única actitud digna de un hombre superior es persistir tenazmente en una actividad que se reconoce inútil…”

“La melancolía de la tarde inútil”, al decir de Pessoa, finalmente es lo que nos quedará este sábado a la noche como resto, a nosotros, madridistas irredentos, o a los vecinos atléticos. Ocurre que con Ordine llevamos tiempo abrazando La utilidad de lo inútil.

 

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