Nueva columna de Fernado Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

Los faroles se apagan

 

Si existe una enfermedad más de nuestra época esa es la enfermedad del amor propio. El narcisismo, que toma su nombre del mito de Narciso, quien se contempla extasiado en el lago hasta el punto de precipitarse a abrazarse, encontrando así la muerte, afecta de tal modo, se ha inoculado con tanto ahínco en las sociedades opulentas individualistas, de canto al ‘yo’ y sus alardes, que causa verdadera vergüenza contemplar al sujeto infatuado moderno, henchido de orgullo, enfermo del amor que se tiene.

Tenemos que escuchar a diario la tontería construida de la autoestima, mito lúdico, que da mucho juego en los cursillos, pero que no explica qué ama a qué en el interior del sujeto. A falta de una correcta elaboración se ha corrido la especie de que hay que elevar el ‘ego’ de los que no se aman lo suficiente. Pero ¿cuál es la medida óptima del amor a uno mismo? ¿Qué más son capaces de hacer para su gloria los sujetos contemporáneos? ¿Más maquillaje? ¿Más objetos de lujo? ¿Más fastos? El ‘yo’ ya no les cabe por la puerta, y desde el parvulario nadie parece tener la valentía suficiente como para bajar los humos al personal. Nadie.

Escuché este dicho salido de lo más profundo de la sabiduría de nuestros pueblos: “los faroles se apagan”. Se usa para verificar que tras ‘tirarse pegotes’, ‘echarse faroles’, la voz popular sabe que eso no va, tarde o temprano se apaga. Frente a esos cursos organizados para subir la autoestima del personal deberían de organizarse otros con ese frontispicio: “los faroles se apagan”. Convendría hacer publicidad de los beneficios de aprender a bajar los humos a diestro y siniestro.

Descompletar a la rana que aspira a buey, es tarea de gigantes en un momento en que la base de buena parte de nuestro comercio necesita sujetos orgullosos, seguros de si mismos, que adoren su ‘yo’, que practiquen arrobados el culto a la personalidad. Por más que sea urgente advertir de los peligros de una sociedad llena de faroleros, de endiosados, de orgullosos, de gentes trepas subidas al pedestal de su vanitas nada habla de un cambio entre otras razones porque las propias sociedades, políticas, sociales, culturales, encumbran a esos mismos sujetos a la cúspide.

Y si no repase el lector la lista de nuestros líderes, todos ellos encantados de haberse conocido, arrastrando a una masa que les ríe, les jalea y les aplaude la tontería diaria.

 

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies