Artículo de Fernando Martín Aduriz en El Diario Palentino el 7 de mayo

 

Lo primero, no estigmatizar al loco o a quien sufre desequilibrios psiquiátricos. Lo segundo prudencia a la hora de sacar conclusiones precipitadas. Al hilo de la actualidad este periódico pide unas líneas sobre el genérico tema de los peligros de la profesión de psicólogo. Los colegas que están en primera línea, arropados o no por una institución detrás, saben la cercanía del peligro físico en determinados casos. Pero quizá el peligro del que menos se hable sea el de la exposición del clínico, de quien conversa con el loco, a la angustia, que como se sabe es un vaso comunicante, mucho más que a la pasión del loco por la certeza delirante de que el clínico no ayuda sino que se ha pasado al bando de los hipotéticos enemigos que quieren perjudicarle.
Huyo a propósito de la expresión enfermo mental que se ha impuesto en los manuales desplazando a la expresión de loco de la psicopatología clásica, porque en tal giro lingüístico subyace el intento de sustraer al loco de su responsabilidad como sujeto, pues al considerarlo un enfermo le robamos también su saber discriminar el bien del mal. Y el loco puede ser bueno o malo; listo o no tanto; genial o mediocre; social o retraído, y del resto de valores morales, pues otro tanto, y se reparten al igual entre locos y no locos. No es loco quien quiere, sino quien puede, y nunca, nunca, debemos apropiarnos de su responsabilidad última como sujeto.
La transferencia, el vínculo afectivo y de suposición de saber del paciente con el clínico, pivota de lo mejor a lo peor, por eso insistimos a los clínicos más jóvenes a actuar advertidos de esos giros, pese a lo cual el peligro del paso al acto está siempre presente en determinados sujetos más repletos de la certeza que de la duda.
NOTA. Violeta, joven psicóloga a quien he conocido porque ha participado varios años en los CURSUS que el Seminario del Campo Freudiano y la Universidad de Valladolid impartimos en Casa Junco los últimos años, no pudo recoger su diploma el otro día y aquí lo tengo. No se lo podré entregar ya. Pero su interés por el psicoanálisis y por seguir aprendiendo para ayudar a los que sufren lo recordaremos siempre.

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