La ciudad alberga sorpresas. Es el caso de la cuidada Colección de Medicina y Farmacia de la Fundación San Bernabé y San Antolín. En pleno centro de la ciudad, junto a la Catedral, es desconocida para el gran público palentino, no para los turistas dado que recibe miles de visitas al año.

El Hospital de San Antolín hunde sus raíces en Palencia desde 1183 hasta 1977, y su historia va pareja a las vicisitudes de la historia de la ciudad y a los avances de la ciencia. En 1560 había seis salas para enfermos; en enero de 1808 la invasión napoleónica causa quebranto a las arcas municipales, por la atención a los soldados franceses, pues el Ayuntamiento es titular entonces del Hospital; desde 1861, cuando la asistencia corre a cargo de “Hijas de la Caridad”, hay en plantilla dos médicos, un cirujano, dos practicantes, un provisor, un escribiente, dos enfermeros, un casero y un portero. El edificio constaba de tres pisos, y también un hermoso patio jardín con galerías de cristales que aún se conserva. Desde 1569 había un boticario que prepara minuciosamente las recetas, y la sala de botica que se conserva atravesada por un gran ventanal con vistas al ábside de la Catedral es un viaje al pasado, al culto pasado, donde los objetos de farmacia se conservan tal cual. Y se diría que la atmósfera invita a perderse en la memoria.

Con todo y con eso, quizá lo mejor sea que es atendido con diligencia y una enorme simpatía por Luciano Moro, singular guía de este particular museo, quien acoge y explica con deleite las curiosidades científicas, e ironiza con los niños. Es una suerte que un museo que tiende a la quietud y la monotonía sea asistido por alguien excelente, y con buen humor.

Michel Foucault en su ensayo sobre Roussel explica que este novelista es como «si no pudiera desempeñar su papel de guía sino en los primeros rodeos del laberinto y lo abandonara en cuanto el camino se acerca al punto central en que está él mismo». Se puede decir otro tanto del punto central que es un buen guía en un buen museo: una pieza más que sabe que su función es dejar perderse a cada visitante en la bruma de la historia.

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