Dibujar es palabra del francés antiguo, deboissier, que significa labrar en madera. María Moliner nos dice que dibujador o dibujante dícese por igual de quien dibuja. Pues elijo la primera para destacar una faceta de nuestro vecino ilustrado. Dado que dibujar es “trazar sobre una superficie con lápiz, pluma, carboncillo o cualquier utensilio capaz de dejar huella, la figura de una cosa copiada o inventada”, de todos esos rasgos me quedo con ese dejar huella.

            Realmente Luis Muñoz, que esta semana expone públicamente sus dibujos, sabe dejar huella, pues sus dibujos no son sólo los de un arquitecto, que tal es su profesión, o los de un dibujante realista, sino los de un dibujador que va por libre. Quizá sea esa la mejor definición de un artista, alguien inconmensurable e inclasificable, alguien a quien no se logra atrapar nunca del todo, pues siempre camina con su propia brújula. Su mirada de las cosas se impone cuando miras sus dibujos, y eso es la huella que deja en el escrutador que somos cuando miramos, insatisfechos como mirones de no terminar de descubrir del todo la mirada del artista.

            Por otro lado, si se quiere, un dibujador sería alguien que disfruta, que goza al dibujar, que es libre en el uso de sus colores y formas frente al corsé del dibujante, aunque no sé si me explico, creo que no. Es como si el dibujador del que escribo fuera un juguetón, eso quería decir, un juguetón. Un jugón frente a alguien del oficio y profesión del dibujo, frente al academicismo.

            Eso si, de igual modo que la conjetura no excluye el rigor, el jugueteo de Muñoz con sus lápices (con su histórica lapicera mejor dicho, esa que tanta guerra dio a aquellos estudiantes del bachillerato del viejo Insti, pero esa es otra historia), no está exenta de exactitud técnica, aunque prefiero dejar eso a los no diletantes.

            Pienso en las vidas de Luis Muñoz, arquitecto, amigo de sus amigos, político de los buenos, de los que quieren ayudar a su ciudad, sin más. Prefiero su vida de dibujador. Ahí puede que esté mejor expuesto su ser. Y su seriedad juguetona.

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