Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

Menudencias

 

Recurro para los “Vecinos Ilustrados” de este verano a Magris, a Claudio Magris. Especialmente a su genial El infinito viajar, tanto como a Alfabetos, o a su Danubio. Magris tiene una faz de columnista de El Corriere della Sera. De esa tarea de escritor que escribe en un periódico me ha interesado sobremanera lo que responde: “Lo importante en un artículo de periódico es fundir el gran mundo con el pequeño, es lograr una ósmosis con la realidad mediante menudencias”.

Menudencias es una bonita palabra. Bagatelas sería un sinónimo posible. Pero la RAE tiene una entrada que dice que una menudencia es también “exactitud, esmero y escrupulosidad con que se considera y reconoce algo, sin omitir lo más menudo y leve”.

Ciertamente siempre me pareció muy interesante el mundo de los pequeños detalles, los cuales tienen muy mala prensa, a veces incluso al término ‘detalle’ se le acompaña del de ‘insignificantes’, como que existiera un solo detalle que no tuviera significación.

Pasar por alto las menudencias, los pequeños detalles, los restos, es como pasar por alto los ‘lapsus’. Creer que un lapsus no puede leerse, y achacarlo como proclama la psicología academicista, cognitivo-conductual por supuesto, que un lapsus no importa sino como falla de exceso de información, del procesamiento de la información, o a lo sumo como se suele decir, adjetivar el lapsus como ‘lapsus freudiano’ es desconocer que todo acto fallido es un acto logrado. Pondré un ejemplo de estos días: ‘Doña Noticia’ es el lapsus de la presentadora estrella de TVE, Ana Blanco, cuando trataba de referirse en el día de su proclamación a la nueva Reina, Doña Leticia. Más allá de la homofonía, a nadie se le escapa de la conocida vieja rivalidad entre ambas, sobre todo desde que ‘Doña Noticia’ fue aupada a presentadora deLa Primera. En fin.

Por eso Magris es un escritor y columnista certero cuando enseña que en una columna se trata de acercarnos a la realidad ‘sin omitir lo más menudo y leve’, pues es ahí donde podemos encontrar el valor de los pequeños detalles.

Qué cosas, siempre desde muy joven leí con fruición algunas columnas, fueran de DIARIO PALENTINO, -Álamo Salazar o Barreda-, o de ABC o EL PAIS. Especialmente las de Umbral, su “Spleen de Madrid” de ecos del Baudelaire y su “Spleen de París”, me sirvieron para ver cómo se puede entrar en la magna realidad (siempre ficcional) mediante la menudencia cotidiana. Qué cosas, que ahora y desde hace más de una década trate de encontrar como columnista la menudencia que explique la realidad, a sabiendas de que la realidad no existe.

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