Dice el Alcalde de Meneses de Campos, Alberto Blanco, que de su pueblo pueden haber salido en la historia dos Presidentes de Gobierno y un Ministro, como descendientes de hijos del pueblo, si un día el recién elegido Pablo Casado llega a la Moncloa. Digno de estudio. En cualquier caso creo que el palentinismo está de enhorabuena estos días, y se sea del color político del que se sea, hay unanimidad en alegrarse de que un palentino haya sido elegido para un cargo tan relevante políticamente hablando, y que además lo haya sido mediante una votación de sus pares.

Cabe desear que sea reconocido por lo que es y no por lo que representa. Esa disyunción entre el ser y el representante da la medida de la pérdida, y habla del envidiable arrojo de un político que se atreve a perder. Lo perdido va desde libertad hasta la intimidad, pasando por el desprestigio de la imagen, de las maledicencias a que con tanto énfasis nos entregamos en nuestro país.

Su juventud ha sido realzada y recibida como buena noticia. Así lo creo. Hay cosas que sólo se pueden hacer a unos años, cuando el deseo es potente y el empuje y las ganas pueden con todo. Pero a pesar de que los veteranos arguyen que la inexperiencia es un hándicap, opino que no estar maleados, sostener ideales, ser confiados y no de colmillo retorcido, son un plus. Necesitamos políticos que no hayan perdido ilusiones, y que tengan la mochila no demasiado llena de traiciones.

Sobre todo necesitamos políticos que no tengan miedo a ese tirano moderno llamado opinión pública. Creo que si algo ha demostrado Pablo Casado es que se atreve con la prensa, da bien en la cámara, y puede aglutinar a mucha gente a su alrededor. (Ya lo hacía a los ocho años, cuando en el patio de su colegio ponía paz, y un día, según nos refiere su madre, fue aclamado como ¡presidente! por su gestión de un conflicto, todo un presagio).

Lo dicho, un político cercano, que parece amar la política, eso tan denostado por quienes pretenden reducirlo a la administración de lo público.

Y palentino. De Palencia. Bueno, descendiente de Meneses de Campos, para que no se me enfade el señor Alcalde.

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