Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

Palencia, evolución urbana y desapego

 Enrique Delgado ha escrito un libro, Palencia (1950-2010). Evolución urbana de una ciudad media, (UVA, Valladolid, 2014) que pone el acento en lo que nos interesa, cómo ver la evolución de nuestra ciudad en las últimas décadas para acertar a intuir el futuro. Nada se había escrito de ese tenor sobre nuestra ciudad.

Desde luego es un libro de un profesor universitario, tesis doctoral, años de estudio e investigación, estadísticas, aparato crítico, notas a pie de página, bibliografía, en fin, todo lo que gusta a los académicos (goza de la co-edición de la Tello Téllez de Meneses), pero también late la mirada de un palentino que ha vivido en sus barrios, que ha pateado sus calles, que es vecino ilustrado.

Eso lo acerca a otros vecinos, a quienes han hecho ciudad, reconocibles entre sus páginas con nombre y apellidos, por donde desfilan los barrios, los polígonos, los planes de ordenación, las reformas ferroviarias, la margen derecha, las expansiones residenciales…y la evolución demográfica.

Un libro escrito por un geógrafo interesado en el lazo social, o su reverso, un sociólogo lector de las geografías urbanas. Porque la configuración urbana acaba siendo la consecuencia de una manera de entender la vida social, pura ideología a la hora de mirar el mundo, de significarlo, de optar por un sentido y no por otro, de definir por qué se vive, para qué se vive y cómo ha de vivirse en una ciudad. Esto es algo que se olvida con frecuencia pensándose que las ciudades se van haciendo paso a paso de un modo natural, como que fuera el aséptico tiempo, el paso del matemático tiempo quien modelara las ciudades. Y no.

Las ciudades las hacen vecinos que toman decisiones en función de sus intereses económicos, de su visión del mundo, de sus opciones ideológicas, y añadiría, de cómo se ha ido gestando en su interior el mundo imaginario, sus propias fantasías.

Claro que para ver eso, para contemplar una ciudad y su evolución de sesenta años, hace falta la mirada culta del estudioso, pero también de quien ama la ciudad en la que pasan sus horas.

El autor finaliza el capítulo introductorio con dos significantes, activo interés y desapego, para definir el modo en el que él mismo ha vivido la ciudad por momentos. Desapego tal cual la buena posición del psicoanalista respecto a su analizante, vivir una ciudad así, con desapego es la posición óptima. No dejarse tentar ni seducir. Y no caer ni en trampas, ni en depresiones ciudadanas, ni en delirios de grandeza.

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