Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

Para mis adentros

 

La expresión “para mis adentros” me parece hermosa. Es homóloga a “tengo para mí”. Ambas implican que hay un decir hacia afuera y un decir, más verdadero, hacia dentro. Más verdadero cuando no nos hacemos trampas en el solitario.

Esto viene a cuento de la resistencia de las gentes a ‘comulgar con ruedas de molino’, esto es, a tragarse las versiones que interesan al poder, sea quien sea la figura del poder. Las gentes se podrán callar, decidirán el silencio como instrumento de paz, mirarán para otro lado, votarán con ‘la nariz tapada’, dirán que sí a lo que el jefe de turno les imponga, acatarán la decisiones de un juez, soportarán el delirante argumento de “lo hacemos todo por su bien” (como si alguien desde afuera supiera cuál es ese bien que nos interesa en cada momento), y en definitiva se amoldarán a lo que hay porque como dicen los gallegos en su profunda sabiduría: “eo que hay”.

Pero las gentes, “para sus adentros”, tienen otro relato de las cosas. Cuando se crean los espacios y dispositivos para que aflore eso que permanece a buen recaudo en mis-adentros, entonces se puede llegar a escuchar lo que de verdad opinan los pueblos, los ciudadanos, uno a uno.

Y ahí viene el quid de la cuestión. ¿Estamos seguros de poder entregar en el futuro a los más jóvenes esos dispositivos en los que se pueda escuchar el grito sordo de lo que sale de “mis adentros”? ¿Habrá en el futuro lugares donde se pueda ir a la búsqueda de la verdad propia? Mi idea es que el peligro cierto es que sólo se permitan lugares donde el protocolo reine, y donde la intimidad no pueda salir ni ventilarse para que esa geografía interior pueda ser explorada. Un síntoma de que esos lugares reservados, tranquilos, secretos, no proliferan es justamente el creciente espectáculo de airear la propia intimidad en los grandes hermanos televisivos, y en los twitter de nuestra época, donde se confunde la comunicación social, el compartir las experiencias, con lo obsceno de los goces que más deben ser mantenidos en el espacio de la intimidad. Si se usan tanto esos lugares para hablar de “mis adentros”, es que no hay demasiados sitios donde uno puede confrontarse con su propia subjetividad, necesitando así usar al resto del mundo de testigos de las cuitas más íntimas.

Tengo para mis adentros que si los amigos existen es por algo.

 

 

 

 

 

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