Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

Para qué sirve un amigo

Buscando utilidad a todo, también parece querer justificarse que es bueno en la vida tener amigos, pues pueden servirte en alguna ocasión. Incluso, desde la infancia, los adultos pretenden influir en los niños aconsejándoles que seleccionen a los amigos en función de su utilidad futura. Sin embargo, resulta que los niños se hacen amigos por afinidades misteriosas que pasan por buscar complicidad, protección, divertimento. Además está el enamoramiento infantil, muy peculiar siempre.
La utilidad de lo inútil, a lo Ordine, nos hace ver que un amigo de útil puede tener muy poco. No sólo puede meternos en embrollos serios, sino que durante un tiempo puede ser una auténtica carga. Siendo eso cierto, no obstante, bastará un ejercicio de amabilidad en que responda raudo a nuestra llamada, para saber que ese amigo acude cuando más se lo necesita.
Ese jeroglífico de la amistad a veces tiene un misterio oculto imposible de desentrañar, razón por la que tantas veces nos hemos preguntado qué razones verdaderas unen a personas mediante ese pegamento que es la amistad. Y tantas veces nos hemos respondido que si existen los amigos ha de ser porque nos sirven de algún modo, y no del modo mercantilista en que se nos publicita en este tiempo, sino por situar a la amistad en esa misma serie de las cosas que no sirven para nada, de cosas inútiles que poseen una soberbia utilidad, serie en la que se encuentran la poesía, la literatura, el psicoanálisis, el susto del amor, las humanidades, el secreto, y el infinito viajar. También toda vida intelectual y espiritual que conduzca a utilidades insospechadas, y que huya de todo lo que mate la curiosidad.
Solamente podríamos aceptar sin titubeos que de verdad existen los amigos, si se viviera la experiencia de una vida sin amigos. Pero quién osaría a atreverse a vivir una vida así. Walter Benjamin decía que al callejear podemos encontrarnos con dos tipos de hombres, con los que se sienten mirados por todo y por todos, y por ello, sospechosos, y también con los ilocalizables, con el hombre escondido.
Como en nuestra vida alternamos soledad y compañía, secreto y conversación, refugio y teatro social, quizá el servicio que nos prestan los amigos sea el de sacarnos de nuestros escondrijos. De nuestras soledades, secretos y refugios. Quizá también sirvan para que seamos como los adolescentes: solitarios reunidos.

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