Ignacio Pérez de Diego, médico internista, jefe de Servicio de Medicina Interna, exdirector del Hospital San Telmo, viene a esta columna porque representa en el decir de sus pacientes (multitudes), no sólo el buen hacer técnico o profesional, sino el calor humano que transmitían tantos buenos médicos en el pasado, pero sobre todo personifica esa enigmática función de ojo clínico.

Un atesorado bagaje de experiencia juega a favor de quienes como el doctor Pérez de Diego escuchando, descifran los síntomas de un paciente. De acuerdo, eso que se decía antes de que la veteranía es un grado. Sin embargo, lo que natura non da Salamanca non presta, y la noción de ojo clínico implica un saber inconsciente, no una suma de conocimientos. Se pueden tener muchos datos en la cabeza y se han podido leer muchos libros y asistir a muchos congresos, pero cuando hablamos de ojo clínico nos referimos a un terreno donde las fronteras entre el saber, la intuición y eso que llamamos “pensar fuera de la caja” son fronteras difusas.

La cum scientia (aplicar la ciencia a lo real) requiere una mediación y ahí el médico juega la partida. ¿Qué médico? Se ha querido diferenciar al médico-técnico (experto en la tecnología y amante del positivismo y la objetiva objetividad) que ve enfermedades y órganos e interacciones, del médico-humanista (experto en leer la subjetividad) que ve enfermos que tienen algo que decir acerca de su enfermedad. Al primer tipo de médico, que se ha impuesto en la época de la masificación sanitaria, donde ya no hay tiempo para saberse las vicisitudes de un enfermo, se le opone el médico que conoce por nombre y apellido a cada uno de sus pacientes, que se sabe su historial clínico de memoria.

Eso que se ha terminado de poner de moda, la psicoinmunología, (nuestros estilos de vida repercuten en nuestro sistema inmunológico), se traduce en la práctica en que precisamos de médicos con ojo clínico.

Como Ignacio, nuestro palentino vecino ilustrado de hoy, médico que tranquiliza, que lee la subjetividad, que…¡escucha! De los médicos de antes, hoy. Quizá sean así los médicos del futuro, los del ojo clínico.

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