Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

Poeta y funcionario

“El funcionario Manolo no está solo”, titular de prensa de la semana pasada. Un buen número de funcionarios se manifestaban al saber que ha sido denegada su posibilidad de ‘reenganche’ en la función pública, y en la idea de que se ha debido a su participación activa en los ‘viernes de negro’ y en sus críticas a la gestión de sus superiores.

Manuel Sánchez Gorjón, muchos años responsable en la Junta de su Sección de Juventud, colectivo por el que ha luchado intensamente, se ve obligado así a jubilarse.

Ocurre que Manuel Sánchez Gorjón es conocido en la ciudad también por su ser poeta. Y ser poeta y funcionario, la verdad, no acaba de cuadrar en nuestro imaginario, pues si algo caracteriza el alma funcionarial es la obediencia al superior, y si algo caracteriza el alma del poeta es la subversión, tanto o más que su pasión por la belleza de las palabras.

Ser poeta y ser funcionario es vivir en perpetua escisión, en dos mitades, en habitar el yo es otro de Rimbaud; en demostrar la vigencia del inconsciente freudiano; en ser como Pessoa, otro y yo en los heterónimos; en vivir dos días cada día, el de la mañana en la oficina administrativa, y el de la tarde o la noche, con ‘la estrella refulgente y sonora’; funcionario de día, poeta de noche. Ocurre que al escribir, al defender la soledad en la que se está, al saber que hay cosas que no pueden decirse, y que entonces se escriben, el poeta, que nace para hacernos la vida más bella, puede creer que la poesía habita el mundo, cuando únicamente habita su ser.

El mundo administrativo tiene razones que la poesía ignora, y el poeta tiene visiones que no entienden de negociados.

Pero es que resulta que quienes hemos conocido de burócrata a Sánchez Gorjón sabemos lo que dice mucha gente, de su volcarse en ayudar a los jóvenes, en pelear por ellos, en estar del lado de la gente. Es injusto para él, y para la ciudad, que le denieguen la continuidad de funcionario ahora que además atesora su experiencia de muchos años.

El error, poético, de Sánchez Gorjón ha sido disentir con sus superiores, como muestra Shakespeare en Hamlet: [“Pues ¿quién soportaría los azotes y las mofas del tiempo,/ El agravio del opresor, la injuria del altanero/, Los tormentos del amor desdeñado, la demora de la ley,/ La insolencia del funcionario…”]

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