Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

 

Ese modo particular de relación con los otros que muestra quien psicopatea a cada momento, siempre fue llamativo, y doloroso. Hoy, cuando pululan con naturalidad estos tipos felizmente instalados en el interior de todo tipo de colectivos, o en solitaria soledad, hoy, cuando su número crece, ya parece más difícil distinguirlos. Forman parte de nuestro paisaje social, laboral, vecinal.

De hecho sean neuróticos o psicóticos o perversos, los psicópatas cotidianos efectúan tal cantidad de cosas con normalidad que han pasado a ser vistas como normales, habituales, cotidianas, pero son puro acto psicópata en tanto forzamiento, chantaje, engaño, violencia directa o estructural, encubierta o amparada institucionalmente, violencia de masa, incluso legal.

La figura del impostor, por ejemplo, que puede hacerse pasar por quien no es, psicopateando a su familia o a sus amigos, es una figura de psicópata muy cercana. De acuerdo con que no es el gran psicópata de las series televisivas o de las novelas después llevadas al cine con un éxito que demuestra el interés de la gente en reconocerse y en dejarse fascinar por los juegos del psicópata, de acuerdo con que hay psicópatas ordinarios, de baja intensidad, de regional preferente, pero no son menos que los psicópatas que juegan en las grandes ligas.

Estos psicópatas cotidianos nos reservan sorpresas por su tenacidad y constancia, puesto que son grandes trabajadores al servicio de su propio goce, de su propia ley. La pena es que no se lo agradecemos lo suficiente, y eso les causa un gran disgusto, con lo que laboran día y noche para enredarnos, confundirnos, obtener nuestros ‘tontos’ objetos o apropiarse de nuestro confort, ignorantes como somos de lo excitante que puede llegar a ser salir de nuestro mortecina rutina.

Si acordamos que nada hay más humano que el crimen, entonces podemos ver como muy humano el ejercicio de la psicopatía, que lejos de ser clasificada como ajena a las morales mentes de la mayoría, atraviesa todas las formaciones sociales, políticas, económicas, religiosas, atraviesa todas las instituciones.

En las empresas ejercer de jefe psicópata que violenta la convivencia ha pasado a ser el pan nuestro de cada día en las conversaciones de la gente. Muy temibles si son inteligentes, pero aún más si no lo son, pues los psicópatas inteligentes la preparan con sutileza, pero el psicópata torpe actúa representando una eterna cena de los idiotas hasta desesperar al personal.

Este viernes en Casa Junco, Marie-Hélène Brousse, psicoanalista parisina, dictará una conferencia para hablar de este asunto de los psicópatas. Sujetos que no dejan de relacionarse con los otros.

 

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