Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

     Rejuvenecer

 

En medio de la dictadura enjoy se abre paso el concepto anti-edad, ese intento comercial y cultural de retrasar el envejecimiento. De hecho hay un ideal de la época: quedarse joven para siempre y a la vez rechazar a los que no son jóvenes. Antiedad es un término que se impone. Hay ya productos farmacológicos que pueblan los estantes a la espera de que lleguen al gran público, y puede que haya cursillos antiedad, y hasta estudios universitarios. Es una pena que los antioxidantes no se apliquen a la vida intelectual y así la lucha contra el paso del tiempo podría llevarse al terreno que más interesaría para fabricar vecinos ilustrados, el de la renovación de las ideas, y el del progreso intelectual. Pero se puede quedar en el culto al cuerpo, para hacer creer que se sigue siendo joven portando un rostro repleto de signos de juventud, aunque el interior haya caducado hace tiempo a fuer de no vivir con deseo, de amar la repetición.

Viene esto a cuento de Magris, claro, mi lectura de este verano: “Cuando anuncié en casa mi intención de pedir una excedencia en mi trabajo de profesor universitario para hacer un curso intensivo de inglés en Londres y Oxford, uno de mis hijos interpretó  la cosa como un deseo faustiano de rejuvenecer”. Deseo faustiano evoca al Goethe que escribió Fausto, al Goethe que había conocido a los jóvenes del “Sturm und Drange”, de tormenta e ímpetu, en su estancia en Estrasburgo, un Fausto acorde a los ideales de los poetas revolucionarios. La interpretación del hijo de Claudio Magris me parece acertada al entender que dejar de ser profesor por un año para pasar a ser alumno pasa por ser un joven más.

Sin embargo siempre hay que poner en cuarentena lo que entendemos por joven. Hasta que no escuchamos a alguien con atención, lo que supone leer entre líneas lo que dice al tiempo que se avanza una interpretación de lo que calla, no sabemos realmente si es más o menos joven, más allá de lo que dicte su DNI y más acá de lo que trata de ocultar el maquillaje de sus potingues antiedad o el uso de su semblante.

Opino que el deseo de saber, que implica aceptar el no-saber, y el estudiar, (se sigan estudios reglados o se sea autodidacta) constituyen el mejor tratamiento antiedad. Quizá rejuvenecer pueda ser un ideal cosmético, modo antiedad, pero quizá mejor que sea el ideal de no abandonar los buenos sueños.

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