Nueva columna de Fernando Martín en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

Si escribir fuera posible

Por qué se escribe es un enigma para mí. Trato siempre que tengo ocasión de preguntar a escritores, las razones que encontraron para escribir. De hecho esa es la pregunta que más me inquieta cuando se presenta un libro. Por qué alguien puede haber dedicado tanto tiempo, tantas horas, tanto esfuerzo, tanta renuncia a la vida y sus placeres, a cambio de encerrarse a escribir.
Y esa pregunta me ha venido de nuevo al comprar el otro día “L’ écriture ou la vie”, de Jorge Semprún, quien necesitó esa disyuntiva: primero vivir, tras salir liberado de Buchenwald, y ya después de un tiempo, escribir sobre su vida en el campo de concentración. Y se la haré un día de estos en cuanto me cruce con Carlos Hernández de Miguel, quien ya va por la séptima edición del libro que me ha atrapado, “Los últimos españoles de Mauthausen”, y a mi colega Manolo Montalbán, que ha publicado su poemario, “Dialéctica del flâneur”, cuyo exordio, de Walter Benjamin, da para un Cursus: «Dialéctica del callejear por un lado, el hombre que se siente mirado por todo y por todos, en definitiva, el sospechoso; por otro, el absolutamente ilocalizable, el escondido».
¿Por qué se escribe? Dos de mis respuestas favoritas de escritores. Genial Claudio Magris, escritor, profesor, pero sobre todo gran columnista del Corriere della Sera, cuando sentencia que el columnista de prensa ha de combinar felicidad y ética. Y profunda, la filósofa María Zambrano, cuando dice que se escribe para defender la soledad en que se está, que no le importa que nadie la lea puesto que ella escribe para distraerse de vivir y que publica porque el juego incluye esa regla. Que ella escribe porque eso brota desde un aislamiento comunicable, porque el escritor quiere decir el secreto, ya que hay cosas que no pueden decirse, y eso que no puede decirse, se escribe. Pero qué secreto puede desvelarse, me pregunto.
Leyendo el último trabajo de Andrés Trapiello, su puesta al día al castellano de hoy del “Don Quijote de la Mancha”, de Cervantes, encuentro en el prólogo una respuesta de Gide a la pregunta de quién era el mejor poeta francés: “¡Víctor Hugo, hélas!
Así pues, quizá se escribe, escribimos, ¡hélas!, qué le vamos a hacer.
Ahora, para apodíctica respuesta la de Marguerite Duras: «Lo que yo escribiría, si escribir fuera posible».

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