La tarea del intelectual requiere silencio, paz, alejamiento, y un esperado regreso al bullicio tras la reflexión. Algunos se recluyen a pensar y allí se quedan, en su soledad. Otro se sumergen en la ciudad y quedan absorbidos de tal modo por el baño de lamentable realidad que no pueden ya brindarnos un poco de su reflexión. Conozco algunos que logran a lo largo de su vida compatibilizar ambos registros, el del pensar solitario y el del intervenir ciudadano. Entre ellos destaco al vecino ilustrado José Antonio González Delgado, arquitecto de la administración pública.

Siendo aún estudiante de arquitectura promovió junto a Luis Muñoz una Asociación, dedicada a divulgar la obra de Jerónimo Arroyo, que culminó con un Museo excelente en el histórico Instituto “Jorge Manrique”, lo que demuestra esa tesis del intelectual comprometido, frente a la imagen del intelectual a lo Montaigne en su castillo.

            Ahora bien, luego está su obra. Poesía: Hemos aprendido a esperar y otros poemas (Premio Ciudad de Palencia, 1987), Un año en Perpignan (Premio Joven de Castilla, 1990). Ensayo: Jerónimo Arroyo López. Arquitecto (1999, junto a  José Luis Hermoso); Palencia, guía de arquitectura, (2001, junto a Luis Muñoz); El cubo y el agua, (2003), al que me referí en la primera columna de este periódico. Novelas: Bajo tierra, Mar de BerlínLa intensidadUn día perdido, (inéditas todas ellas y de exquisita lectura). En fin. Ahora está inmerso en una monografía,Fernando Unamuno. Arquitecto, de próxima aparición. Esta tarde hablará en el Ateneo de un edificio arquitectónico palentino, habrá que escuchar atentamente.

            Lectura y escritura, creación y sorpresa, invención y estupor, forman un palimpsesto sólo perceptible cuando han transcurrido los años, y se puede mirar el legado social. Si importa un bledo el eco social, si se ha labrado por placer intelectual, es seguro que se conoce de verdad el auténtico sentido del omnia mea mecum porto.

            Creo que intelectuales como Toño González, arquitecto, escritor, poeta, nos muestran con su silencioso quehacer la vía para arrebatar la alegría a los días futuros.

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