Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

   Un hilo de humo

            Estos días vemos imágenes horrendas de ataques a civiles y de humo saliendo de las humildes casas. Ese humo no presagia nada bueno, más bien lo peor. Y sin embargo en cualquier otro lado del mundo se celebra el verano, las alegres vacaciones.

Sigo leyendo a un Magris que siempre hace pensar, y así en “Un hilo de humo” evoca a los barcos y al Danubio: «En el Museo del castillo de Linz, un grabado ochocentista muestra una imagen de Mauthausen. Colinas serenas, casas acogedoras, barcas sobre el Danubio llenas de gente que saluda de modo festivo, un aire idílico de excursión campestre. De los barcos, sobre el río se levanta, alegre, un hilo de humo». ¡Alegre!

Evoco el dicho «Quémese la casa pero que no salga el humo» al leer ese texto de Claudio Magris. Es un adagio que anima a la necesaria cautela para que las familias o los grupos o las empresas o las instituciones laven los trapos sucios en casa, queriendo imponer una cierta ley del silencio. Pero en demasiadas ocasiones hemos comprobado lo inútil de ocultar a los otros las tragedias interiores. Lo público, lo privado y lo íntimo se entremezclan de tal modo que siempre es posible encontrar una vía de acceso, siendo las más de las veces el sufrimiento que se refleja en el rostro, la cara como espejo del alma, los múltiples actos fallidos que traicionan, la tensión, el porte, la actitud, todo delatando nuestra intimidad mucho antes de que el propio sujeto lo sepa. De hecho la expresión «su cara es un poema» muestra el desborde del sujeto, de tal suerte que no se da cuenta del cartel publicitario que es para todos los demás, anunciando a todos que la casa se quema aunque el humo no se vea.

Los asuntos internos se constituyen así en voz populi para desesperación de los tímidos, que temen que airear sus trapos sucios familiares o empresariales les desnude pública e impúdicamente. Y los asuntos internos son para los malos gobernantes una coartada para exigir la no intervención. Pero el proverbio latino «hombre soy, nada humano me es ajeno» fue mejorado por Unamuno cuando dejó escrito «soy hombre, a ningún otro hombre estimo extraño», lo que se traduce en que no podemos sustraernos a los humos que salen de esas humildes casas.

Hay hilos de humo alegres, al decir poético de Claudio Magris, pero otros que no lo son tanto, simplemente constituyen el signo de lo peor del ser humano.

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