Puede que el ser ciudadano no se reduzca a la mera pertenencia a una ciudad, sino que indique un cierto grado de participación activa en los asuntos de la ciudad, en tomar la palabra, en aceptar responsabilidades. Si eso fuera así obtendríamos un buen puñado de hombres y mujeres que merecerían ese título, acaso con diferencia respecto a quienes usan, pernoctan, pasan por la ciudad. Ese título bien se otorgaría a Urbano Revilla, funcionario, licenciado en Derecho, tertuliano, y también líder político, y por si fuera poco, muy conocido por formar parte integrante de Yedra, un grupo de folk ya señero.

Escuchando el otro día (en su papel de ateneísta) cómo comenzaba a relatar su vivencia de la ciudad encontré que la raíz de una buena inserción como ciudadano supone haberla amado desde pequeños, y por ello mismo cómo, algunos, están dispuestos a soportar lo peor de una ciudad. Soportar sin despotricar con lo que es en la actualidad, a sabiendas de que nadie puede excluirse de la responsabilidad de que una ciudad, su humus, su ambiente, su clima social y cultural depende de todos, pero también de cada uno.

Una vuelta de tuerca más es cómo tras conocer la historia de esa ciudad no caer en la nostalgia, pues el tiempo no volverá, y además las ciudades se transforman, los usos cambian (los usos horarios por ejemplo), las vitalidades también. El dinamismo de una ciudad puede ser vibrante o de pulso mortecino, y en cualquier caso, hay que aceptar que son periodos, etapas históricas que pasan. Quienes así lo entienden, comparten su propio destino al de la ciudad en la que no sólo viven, sino que empujan.

Como fuera de casa, en ningún sitio: la proclama de los amantes de los cafés literarios, que hunde sus raíces en la generación del 98 quienes pensaban que no existía apenas vida fuera del café, es una suerte de explicación para quienes se encuentran como pez en el agua en las actividades de la ciudad.

Sería una  aproximación a Urbano (el nombre apuntala mi tesis), nuestro vecino ilustrado de hoy, que forma parte de la estirpe de los imprescindibles de una ciudad.

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