Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

Vivir con padres de adolescentes

Vivir con adolescentes es muy duro, según la expresión de moda. Es extraño el padre o madre de adolescentes que no te hace la lista de lo insufrible que es vivir junto a un adolescente, sus contradicciones, sus quejas, sus acciones absurdamente bizarras. No voy a negar nada de eso. Ahora, hoy voy a poner el foco en lo complicado que es para un adolescente el vivir con padres, con padres de adolescentes.

Partiendo de que la adolescencia es un discurso y no un periodo de edad, y estando de acuerdo en que existe el fenómeno de la adolescencia prolongada, acordaremos que hay adolescentes muy tardíos, que postergan su paso a la edad adulta y que tardan en abandonar ese discurso adolescente (mucha acción y poco acto con consecuencias).

Adolescentes que se quejan de sus padres siempre los hubo. Formaba parte del paisaje. Rara era la conversación en la que no aparecían sus padres para ser censurados, ridiculizados, y justificar así sus huidas, sus separaciones, sus tomas distantes de posición, sus silencios, su recurso a la fiesta o al ostracismo. Asimismo siempre escuchamos la queja de que los padres estaban más pendientes de alcanzar el poder y la gloria que de ocuparse de sus adolescentes hijos, razón por la ellos se veían obligados a enarbolar la bandera de un acto (como podía ser desaparecer temporalmente) para formular la pregunta ¿pueden perderme?, y obtener de ese modo y por unas horas, la máxima preocupación de sus padres, que ahora sí, abandonaban sus inaplazables quehaceres para prestarles un poco de atención.

Pero nuestra época alumbra otro momento de la relación entre adolescentes y adultos.

El tiempo en el que son los propios adolescentes quienes tienen que poner límites a sus padres, quienes tienen que pacificar el hogar repleto de voces, discusiones y escándalos, quienes tienen que poner la cordura que falta, quienes reconvienen a un mayor tiempo de presencia en casa y menos actividades, quienes exigen sensatez y prudencia, quienes limitan el exagerado número de tatuajes, horas de play e internet, o de fervor por ir a conciertos juveniles, en definitiva quienes tratan de pausar la fiesta permanente en la que muchos adolescentes padres se enrocan a fin de perpetuar un tiempo adolescente que se resisten a ver pasar. Algo inédito en la historia.

Vivir con adolescentes padres de adolescentes es muy duro para los adolescentes de hoy.

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