Nueva columna de Fernando Martín Aduriz en Vecinos Ilustrados del Diario Palentino

Votar no es un deber

Si los sentimientos son engañosos, el voto, como la angustia, no engaña. Cada quien vota según su estilo, y así quienes nunca toman decisiones dejan que otros decidan a quién votar, y quienes nunca cambian de voto, siguen erre que erre votando a quienes votaron hace décadas. Es lo que permite hablar de tipos de voto.

Estos días se llama voto indeciso precisamente al voto que espera al último día, al último segundo. Ocurre que son millones los votos que forman parte de la estirpe indecisa, según dicen. Pero ¿cómo saber esto, cómo saber que ya no está decidido?

Se habla también de voto cautivo, queriendo expresar con ello ese voto que paga favores, subvenciones, regalos, aunque seguramente si de algo es cautivo es de la ignorancia.

Se habla en campaña también del voto útil, como de ese voto que permitiría gobiernos estables. En contraposición entonces hablaríamos de un voto inútil, testimonial, romántico, el que va dirigido a formaciones políticas que no van a obtener representación. No me atrevo a decir que es inútil, pues cumple la función de expresar un sueño.

Estamos en nuestro derecho ciudadano de no ir a votar. Este no ir a votar está estudiado, y se ha investigado que es un voto de los jóvenes, los más maltratados por el poder político, los menos atendidos, y por ello más alejados del compromiso con la ciudad, más alejados de los oropeles del poder y más incrédulos con que la política cambie sus vidas, confiados como están en sus propios méritos, en sus propias acciones.

En esto andamos estos días, enredados en la ciudad en esto de ir a votar, y a quién, y por qué. En España no es obligatorio acudir a votar, tal y como lo es en otras latitudes, Bélgica por ejemplo, (Italia hasta mediados de los noventa), donde lo esencial son los controles de ese cumplimiento, las sanciones que se aplican por no votar, y las discusiones entre los politólogos acerca de si obligar a votar mejora o no la participación democrática a medio plazo. Hay quien piensa que el voto obligatorio no es sinónimo de mejor inclusividad ni de mejor igualdad política, y hay quien cree que a la larga aumentaría el interés por participar.

Si bien votar no es un deber, es un derecho que tenemos como ciudadanos. Que se puede ejercer o no.

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